No rezar

Llevaba por lo menos 3 horas intentando dormir. Miraba el techo, miraba el suelo, veía a mi perro dormir. Estaba oscuro, pero mi vista ya se había adaptado a la oscuridad.

Entre tanto y tanto, sin darme cuenta, caí en un sueño ligero. Aún podía percatarme de lo que ocurría a mi alrededor, se sentía tranquilo como si flotara en mi cama… Sentí unos pasos agitados correr por el pasillo y entrar a mi habitación. El cansancio y el sueño no me permitían abrir mis ojos del todo, pero logré identificar a mi mamá que me decía:

Orantes-manos

– No es nada, solo duerme.

– ¿Pero qué es nada?

– Nada, solo eso, duerme otra vez.

No sé por qué decidí hacerle caso y no cuestionar sus palabras.

Habrán pasado solo un par de minutos, cuando desde la ventana de mi pieza se reflejó una luz oscilante, como girando y merodeando en torno. Lo único que pasó por mi cabeza fue por qué dejé la maldita cortina abierta. Mi estúpida curiosidad me dijo que debía levantarme y averiguar qué era. Me senté en mi cama. Estaba a punto de sacar los pies de ella cuando nuevamente escucho pies correr por el pasillo y mi puerta abrirse de un golpe. Me doy la vuelta para encarar a mi mamá y decirle que deje de correr por la casa.

No rezar

Pero no había nada al otro lado de la puerta. Me levanté asustada de mi cama y me acerqué hasta la puerta. Sentía el piso húmedo, seguí caminando y vi la puerta de la pieza de mis padres, entreabierta, nuevamente la luz se veía salir de ella. No alcancé a llegar cuando escucho gritos salir desde la pieza. Mi madre gritaba, con la voz llena de terror y dolor…

No fui capaz de dar un paso más, solo sentía el miedo que me poseía. La puerta se abrió un poco más solo para distinguir una horrible mano esquelética de dedos largos y garras afiladas, después un rostro se asomó, un rostro blanco con hermosas facciones, su belleza me tranquilizaba. Mientras se asomaba, desde su espalda se veían salir unas enormes y gloriosas alas que resplandecían.

Era tan hermosa la luz que nacía de su cuerpo, que decidí acercarme un poco más. En ese momento me doy cuenta que caminaba sobre sangre, a mi costado vi a mi padre crucificado. Era su sangre la que inundaba el piso. Sentí mis ojos rebalsar de lágrimas, un grito ahogado salió desde mi garganta. Me volví a girar para enfrentarme a esa criatura, pero ya no estaba en la pieza, sino enfrente de mí. Solo sonrió y con una voz suave me dijo:

-Ya no necesitan rezar, ya no los quiere escuchar.


Via Creepypastas


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