Mi primera experiencia paranormal

Independientemente creas en ello o no, lo que más atrae al humano es lo desconocido. Es curioso, ya que esto también es lo que más incomoda al hombre.

Era un viernes a la tarde, el día era hermoso: cielo despejado, clima cálido, y totalmente soleado. Era el día perfecto para salir de paseo familiar, pero yo prefería aprovechar esa oportunidad para jugar con la consola hasta tarde. Era mi momento de oro, ya que era el único en el hogar. Mi papá estaba internado en un hospital nacional, mi mamá se va a visitarlo todos los días. Como no tenemos un medio de transporte exclusivo (ejém: tener nuestro propio vehículo), el ómnibus era nuestra única forma de transladarnos de un lugar a otro haciendo que tardásemos horas en ir y venir.

Sencillamente era el hombre de la casa: hacía los quehaceres domésticos, cocinaba mi propia comida, etc.

Me dije a mí mismo​: “Voy a jugar la consola hasta las 21:30, ya que mi mamá viene a las 22:00, ella no me tiene que ver jugando y pensar que soy un hijo irresponsable“.

Las horas pasaron, pasaron y pasaron, había perdido la noción del tiempo. Miré mi reloj de mano y ya eran más de las 23:00. Al principio me sentía un poco nervioso por estar hasta tarde despierto por jugar la consola, mi mamá entraría por la puerta en cualquier momento y vería a su hijo ser un total irresponsable.

Pasaron los segundos… Mi mamá todavía no venía, todo ese ´´nerviosismo´´ se había transformado en miedo y desesperación de estar solo una noche en mi hogar. Al rato, decidí cerrar todas las ventanas, ponerle llave a las las puertas externas y prender todas las luces, cené y sencillamente me fui a dormir con la esperanza de que mi mamá vendría con un poco de retraso.

El silencio abundaba. Escuchando el tic-tac del reloj, el tiempo voló a una velocidad inhumana. Ya estaba dormido, abrí lentamente los ojos para percatarme de que ya eran más de las 03:00. Desde que papá se internó, mamá y yo dormimos en la misma habitación, separados por 2 camas. Volteé y encontré a alguien en la cama del otro extremo, era mi mamá. Ya estaba despreocupado, mi mamá estaba en casa y yo estaba reposando y tenía la oportunidad de dormir plácidamente.

Me desperté, miré la cama de mi mamá. Ella estaba ahí, durmiendo como nunca en su vida, al instante revisé mi celular, tenía 15 mensajes perdidos de mi mamá. La mayoría de ellos decían: “Llegaré tarde, llavea todas las puertas, no dejes pasar a nadie”. Pero el mensaje que más me perturbó era uno de los últimos que decía: “Hijo, esta noche no dormiré en casa, ya es tarde y todavía estoy muy lejos, decido quedarme aquí, dormiré esta noche en la casa de tu tía.”

Consideré que ella no pudo prevenir su llegada, y al final llegó a casa y se acostó sin despertarme. Pero algo me hizo cambiar de parecer. Hace un minuto desapareció, cuando recibí otro mensaje: “Hola, ¿ya te has despertado? Hoy llegaré cerca del medio día, prepara tu comida y arregla tu cama”. Miré la cama de mi mamá, dormía a mi lado, a juzgar por el bulto entre los mantas. Era ella ¿verdad? No tuve el valor de descubrirlo, entré en pánico al saber que mi mamá seguía estando en la casa de mi tía. No supe cómo reaccionar…

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