Mi comedor

Me levanté temprano, con una sonrisa en el rostro. Hoy vendrá Cassandra a cenar.

Me duché, me lave los dientes, lustré mis zapatos y me puse mi mejor traje, seguido salí de mi habitación, a la planta baja, miré el gran espejo del recibidor, me veía perfecto para la ocasión. Y mi casa debía estar igual, debajo de las escaleras saqué una escoba, un plumero, un lustrador de suelos y un recipiente con mi mezcla especial para cueros. Me puse manos a la obra, lustrando todo mi suelo de madera pulida de encino, sacudiendo mis figurillas de porcelana y de vidrio, barriendo la tierra de la entrada y finalmente lo que mas disfrutaba: abrillantar mi comedor.

Crucé varias puertas, al final me encontré en una habitación de un tamaño medio, con paredes de caoba, suelos de mármol y decoración un poco rudimentaria, me acerqué con una enrome sonrisa a la silla mas cercana., la acaricié, como si fuera seda en lugar de cuero, tomé mi mezcla, y comencé a abrillantar las sillas. Las trataba con especial cuidado, creo que porque yo mismo las había hecho; corté la madera, la barnicé, curé los cueros y la ensamblé. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, limpié siete sillas. Me detuve al otro lado de la mesa, en la cabecera, faltaba una silla, solté un largo suspiro, me limité a encerar la mesa de ébano. Al final de cerca de cuatro horas terminé mi labor de arreglar mi casa, guardé las cosas en su lugar, y salí de mi vivienda, cerrándola con llave y activando las alarmas de seguridad.

Conduje al lugar donde me esperaría mi cita; se veía radiante. Subió a mi auto, y fuimos al cinema cercano, vimos una película de miedo; a ella le gustaban. Cada que una escena terrorífica salía ella me abrazaba, su piel era muy suave, y tenía un aroma como de rosas, después fuimos a un museo, y de ahí por un café -sería un ligero tentempié, para luego cenar en mi casas cerca de las siete de la noche nos subimos a mi automóvil, conduje hacia mi casa, a las afueras de la ciudad, no me gustan los ruidos que hay en ella.

Entramos, tomé su bolso, y su chaqueta, colgándola en el perchero, la conduje con una sonrisa a la sala, le dije que prepararía la mesa, fui a la cocina, y traje dos platos humeantes de roast beef y guisantes, una botella de vino especial y dos copas. los dejé sobre la mesa, para ir por mi invitada. “Por aquí” Le dije, ella me siguió, sonriendo, la tome de los hombros, frotándolos sin que ella lo notara, la senté, cerca de la cabecera donde faltaba una silla, me senté al otro lado, mirándola sonreír y disfrutar su comida, miré mi plato, luego la vi a ella, luego vi las sillas, y al final el hueco donde debería ir una.

Tuve razón… Cassandra se verá perfecta ahí, sobre mármol, rodeada de caoba… Ahí, en la cabecera.


Via Creepypastas


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