Los Asesinos de Rancho Anapra

Lo que estoy a punto de relatar (muy resumidamente) es algo que no encontrarán en ninguno de los periódicos locales, lo que es más ridículo que desconcertante o denigrante, y ustedes sabrán por qué. Todo me lo relató una fuente de confianza que no pienso revelar, pero que tiene influencia en la fuerza policial juarense.

El último año, se registraron cerca de una docena de desapariciones en el área de Rancho Anapra -CD. Juárez, así es, ¡qué sorpresa! -, en su mayoría empleados de empresas maquiladoras ubicadas en Santa Teresa, Rivereño y el Cerezo. Estas desapariciones tienen la particularidad de que se trata de habitantes de un sector bastante poblado, pero bastante apartado de los caminos principales.

Esta zona está cerca de la glorieta en el Arroyo de las Víboras, un camino natural de agua que desemboca en el Rio Bravo. Se encuentra en terreno elevado, y la única forma de llegar a este es utilizando una carretera llamada Ánimas.

Fue en una grieta natural entre las rocas en un sendero de terracería llamado Caballos, que corre contiguo a la carretera, en donde se dieron los macabros hallazgos. El primero fue el único en aparecer en la televisión y en los periódicos del 2005, pero la noticia fue cubierta a medias.

Oficialmente, se encontró el cadáver degollado de un joven de diecinueve años de edad, previamente reportado como desaparecido el 12 de noviembre del 2004. Pero las autoridades decidieron dejar el estatus de desaparecidas a las otras docenas de personas cuyos cuerpos fueron encontrados en las mismas condiciones dentro de esa fosa. La razón de esto era que no fueron específicamente degolladas.

Según fuentes extraoficiales, las víctimas parecían haber sido roídas, como si se hubiesen estado alimentando de sus cuerpos. Pero la parte más importante es que todas las víctimas presentaban marcas similares en los cuellos, del mismo patrón. Los “expertos” lo describieron como un proceso tan sistemático como el de los leones al cazar, siempre atacando a la yugular. Las víctimas que no murieron desangradas, fueron estranguladas hasta la muerte.

Todos nosotros, con nuestra mente tan repleta de historias y basura de HOLLIWOOD, pensaríamos exactamente lo mismo (ustedes nómbrenlo: lo primero que piensan al escuchar “cuello”, “mordidas” y “cadáveres”), y esto es casi comprensible. Pero este es el punto: las autoridades juarenses, quienes se supone deben ser racionales, imparciales y analíticas, también se dejaron guiar por estas tonterías. ¿Por qué otra razón las autoridades  encubrirían los hechos reales y los hallazgos tan celosamente? Mi opinión con respecto a esto también podría ser que son unos perezosos del demonio, pero la opinión de mi contacto se mantiene.

Según mi fuente, el problema es mucho más real y, aunque también suena increíble, tiene (hasta cierto grado) lógica. Además, no tiene mucha ciencia. La foto que aparece abajo es una que él tomó durante las primeras indagatorias del macabro descubrimiento, ya caída la tarde de ese día. Dijo que los asesinos no volvieron a ser vistos, aunque la gente sigue desapareciendo, ahora ya con muchísima menos frecuencia.

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Via Creepypastas


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