Los amigos del bosque

Hoy, me ha llegado un paquete; un regalo de navidad. Estaba envuelto en un papel azul y atado con un lazo rosa. Llevaba consigo la leyenda «Feliz Navidad, Toby».

Hace unos años, todos mis compañeros festejaban porque nuestra maestra hubo anunciado que haríamos una excursión al bosque en vísperas de Navidad. Hicimos una parada para cargar combustible y, supuesto que llevábamos horas viajando, nos dejaron salir “a estirar las piernas”. Mientras la mayoría de mis compañeros compraban bebidas y comida, yo entré a una curiosa tienda al lado de la estación de servicio. Colgaban de sus paredes y de su techo, numerosas muñecas de trapo y cazadores de sueños. El gerente, un hombre anciano, sentado tras el mostrador leía un periódico.

—¿Qué haces aquí, niño?

—¿Eh? Nada, solamente miraba. Ya me iba.

—Espera. ¿Adónde vas?

—Con mi clase.

—Ah, ¿sí? ¿Y a dónde van tú y tu clase?

—A una excursión al bosque.

—No puedes ir al bosque. Te debes quedarte aquí o…

La maestra llamó a toda mi clase y corrí hacia la puerta para abrirla e irme del local. «No confíes en ellos», me dijo antes de que cerrara la puerta para correr a subirme al autobús, que solamente me esperaba a mí para dirigirse al bosque. En el camino, las últimas frases de ese viejo hacían eco en mi cerebro. «No será nada», me dije.

Al llegar, la maestra nos dijo —en vano— que no nos separaremos de nuestro grupo. Todos los grupos se separaron explorando el bosque. Cuando me encontraba alejado del mío, el viento empezó a soplar. Entré buscando refugio en lo que parecía ser una tienda hecha de ramas y hojas decorada de manera navideña, exceptuando porque faltaba lo más importante, una estrella, donde se alojaban algunos animales, de los cuales uno se me acercó:

—Hola…

—¡Eres un animal!; ¡¿cómo puedes hablar!?

—¿Cómo te llamas?

—Me-me llamo Toby.

—Hola, Toby. ¿No te parece nuestra tienda hermosa?

—S-sí, es la m-más hermosa del bosque.

—Claro, pero falta algo.

—Por supuesto.

—¿Qué crees que sea?

—Una estrella de navidad.

—¿Nos podrías hacer una?

—Está bien.

Hice la estrella usando una cinta que traía y algunas ramas y hojas que encontré en el suelo. Al terminar, luego de un rato charlando, supe que era momento de irme; nuestra maestra nos llamaba. Pero antes, me pidieron que pusiera la estrella en el techo de la tienda. Lo hice y corrí a encontrarme con mis compañeros, mientras me despedían diciéndome que les hubo encantado mi compañía y que querían que trajera más amigos a jugar.

Recordé la incompleta frase de aquel viejo y curioso hombre. ¿Cuál sería su significado completo? ¿Se referiría a esos animales? Al volver a mi grupo, les dije a unos amigos que me acompañaran en la noche.

Salimos de nuestras tiendas, pero, al llegar, los animales no estaban, y la estrella que fabriqué se encontraba al revés. Habían tachado un círculo con una cruz en una esquina de la tienda. Entramos a su tienda, pero la luz de la puerta fue tapada por las sombras de los animales.

—¿Quién está listo para jugar?

Nos empujaron y ataron a unas rocas que se hallaban a un lado de la tienda. Uno de los animales, que estaba armado con un cuchillo, apuñaló a uno de mis amigos en sus ojos para luego extraérselos.

—Déjame, bestia.

—Cuida esa boca.

Le cortó la lengua. Otro de los animales, que se encontraba armado con una pinzas, le arrancó sus dedos. En un momento, sus gritos cesaron; hubo muerto. El otro de mis amigos seguía. Luche contra las ataduras y logré sacármelas. Corrí hacia las tiendas. No obstante, al llegar, nadie estaba. Un líquido cae en mi cabeza; la testa de mi maestra se hallaba colgante de una rama. Todos los cuerpos de mis compañeros yacían en el piso sin vida. En el suelo se encontraba escrita la leyenda «Feliz Navidad, Toby».

Lo he abierto; una estrella de hojas y ramas con una cinta.


Via Creepypastas


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