La muñeca maldita de Silvia Gallegos

Era su cumpleaños número 9. Silvia recibió de su madre una muñeca, quien le dijo que aquella se obsequiaba de generación en generación. Solo la podían tener las niñas.

“Me he divertido mucho con Susana y ahora creo que deberías tenerla.”

Silvia sonrió y prometió que la cuidaría. Le había gustado mucho su muñeca. Sinnúmero de veces jugaba con ella, leía con ella, estudiaba con ella, incluso comenzó a personalizarla. Le pidió a su madre que le comprase tela, botones de varios colores, grandes y pequeños, cabello (cerdas de plástico, pelo de caballo, alambres delgados de muchos colores). Silvia le prometió a su muñeca no abandonarla, amarla e incluso soñar con ella en las aventuras fantásticas de su cielo nocturno.

La muñeca maldita

Una noche, la niña cayó dormida en su cama con la muñeca en brazos. Dentro de sus sueños, la muñeca Susy era más alta y podía hablar.

-Susy, mira ese campo lleno de trigo, mira el cielo -le decía a su muñeca.

Y la muñeca respondía: “Recorramos el campo con estos caballos, ven, te enseñaré a montar”.

Se lanzaron a una gran aventura. Más tarde, llegaron a un lago cristalino donde se veía un cielo rosa, bajaron de sus caballos y se metieron a nadar al lago. El agua era cálida y se podían ver los peces y las algas. Se avecinaba el crepúsculo.

-Tenemos que irnos, rápido, sube al caballo -le dijo la muñeca y montaron sus caballos partiendo al galope.

-¿Por qué nos vamos, Susy?

-¡Por eso! -exclamó la muñeca, señalando una gran horda de cíclopes a sus espaldas.

Poco después, Silvia despertó con la frente cálida. Pensó en si era posible comunicarse con la muñeca en sus sueños y vivir fantásticas aventuras a su lado, o todo se reducía a su imaginación. Pasaron meses. La niña seguía con su muñeca, no se separaba nunca de ella. Los sueños eran fantásticos. Llegó incluso a creer que de verdad estaba en el espacio viendo la Tierra, la Luna, el Sol y Marte.

Pero los años pasaron y Silvia comenzaba a perder el interés por Susy, que ahora yacía sucia y llena de polvo con pelusa. Silvia ya tenía 14 años a esa altura, más ocupada en hablar con sus amigas por medio del celular, revisando su perfil de Facebook, en otras ocasiones se maquillaba para salir guapa en sus fotos probándose ropa nueva.

Algo en la muñeca estaba pasando, por otro lado. No le gustaba que Silvia pasara menos tiempo con ella. No la limpiaba, no le cambiaba los botones que tenía por ojos, no le cocía una boca nueva, no le hacía nuevos vestidos.

Un viernes por la noche, Silvia soñó un lúgubre campo de trigo, el lago e incluso el cielo rosa.

-¿Te acuerdas de mí? -le preguntó la muñeca- Ya no pasamos más tiempo juntas y quiero saber por qué.

A Silvia le pareció que el sueño empezaba a tornarse en una pesadilla.

-Mira, éramos muy unidas, no sé qué pasa, pero espero que volvamos a jugar juntas por mucho tiempo más.

Silvia despertó. Eran las 9 a.m. Estaba algo aturdida por ese sueño tan extraño.

En su cumpleaños número 15, Silvia llevó un elegante vestido morado. Había invitado desde un mes antes a todos sus amigos de la primaria y secundaria para festejar su cumpleaños, y por supuesto que estaba en la fiesta su novio Raúl.

Fue un espectáculo digno de una princesa. Silvia y su novio bailaron en medio de la pista frente a todos sus invitados y se besaron; después de la medianoche, los camareros tenían que recoger la basura, limpiar las mesas y guardar la comida que había sobrado.

Pasaron algunos días. Poco a poco, los sueños de Silvia adquirieron el color de las pesadillas. La muñeca no le decía ya nada agradable. Un día, en especial, tuvo una pesadilla hórrida donde la muñeca la atacaba. Susy abría la boca y mostraba unos terribles dientes afilados de los cuales escurría una baba negra. La muñeca se arrojó al brazo de Silvia y empezó a morderlo.

De golpe despertó y, entonces, notó algo extraño. Vio su brazo con las marcas de los dientes de la muñeca. En el acto, Silvia decidió ir al cuarto donde estaba su madre y la despertó.

-¡Mamá!

-¿Qué pasa? -le preguntó ella con voz cansada, con los ojos casi cerrados.

Silvia le peguntó de dónde había sacado la muñeca.

-Te lo dije, ¿lo olvidaste? Esa muñeca la recibí de mi madre y ella de su madre, no tengo muy claro de dónde. Tu abuela solía gastarme muchas bromas y algunas eran desagradables. Ante sus consejos siempre fui muy incrédula. Me dijo que, cuando se la regaló su madre, esta había perdido a su hermana, que tenía problemas del corazón. Para traerla de vuelta, hizo una muñeca y sacrificó algo a cambio. Se supone que tu bisabuela sacrificó su voz para traer devuelta a su hermana gemela.

-¿De verdad no creíste eso? -respondió Silvia y le enseñó las mordidas extrañas en su brazo izquierdo.

-No puede ser -la madre de Silvia abrió más los ojos, sorprendida- ¿Dónde está Susy?

Silvia se apresuró a buscar la muñeca en su habitación y no la encontró en ninguna parte. Otra noche más, y una pesadilla mucho peor que la anterior la inquietó. Silvia amaneció con un grito que despertó a su hermano y a su madre. Cada noche peor que la anterior, una pesadilla donde los cíclopes y la muñeca la alcanzaban, la agarraban de los brazos y podía sentir el agonizante dolor de ser descuartizada, arrancados sus miembros uno por uno.

Decidió intentar no dormir y seguir buscando por toda la casa con la ayuda de su madre y su hermano Luis hasta en lugares impensables. Cualquier lugar donde se pudiera esconder esa maldita muñeca. Ninguna señal. Otra noche más y una pesadilla peor la sacudía: estaba nadando en el lago bajo un cielo rosa, el agua cristalina se entintó en negro y algo la sumergió.

Trató de despertarse, pero era imposible. En el fondo del lago había algo monstruoso nadando alrededor de ella. Cuando esa cosa le rebanó la garganta, Silvia despertó llorando con un sudor muy frío en la frente. Creyó que ya no podía seguir con esas espantosas pesadillas, y le tentó la idea de suicidarse.

Eran las 5 a.m. Su madre y su hermano seguían durmiendo. Ella fue al baño a abrir el botiquín y empezó a tomarse todo el frasco de aspirinas, las pastillas de amoxicilina y el complejo B. Una sobredosis letal de medicamentos. Primero, una tos leve y un dolor en el pecho que se hacía cada vez más fuerte, pocos minutos más tarde vio doble y su corazón latía más rápido de lo normal. Entonces, cerró los ojos y su corazón se detuvo.

A la mañana siguiente, Luis fue al baño con las ganas de usar el inodoro primero que nadie, pero recibió una dura lección de la ironía de la vida al ver a su hermana muerta.

Se organizó un velorio. El señor Gallegos llegó tan rápido como pudo. La autopsia determinó suicidio por sobredosis. Todos los familiares que conocían a Silvia, incluyendo amigos y su novio, estaban ahí, incluso Susy. Nadie se dio cuenta de que Susy estaba dentro del ataúd.

Después del velorio, se rindió el funeral. Cuando concluyó, nadie imaginó que la muñeca estaba ahí adentro molestando a Silvia en un acto peor que profanar un cadáver: la muñeca quería que el alma de Silvia se quedara con ella para siempre, lo cual consiguió.

Silvia quedó atrapada en el cuerpo de la muñeca, junto a la hermana gemela de su bisabuela por la eternidad en una pesadilla eterna.

Escrito por Isaac Herrera.

Seudónimo: Johanan Isaacher.


Via Creepypastas


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