La dama tapada

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Hace más de doscientos años en las calles apartadas de Guayaquil, los trasnochadores veían a la Dama Tapada. 

Anoche vi a la Dama Tapada, contaba en una reunión de amigos, el Fulanito. “Son puros cuentos”, respondía el amigo con aires de valentón. Yo nunca he tropezado con ella. Nunca se la ve antes de las 12 de la noche, ni después de las campanadas del alba, opinaba otro asistente a la reunión. 

Según la leyenda, La Tapada era una dama de cuerpo esbelto y andar garboso, que asombraba en los vericuetos de la ciudad y se hacía seguir por los hombres. 

Nunca se supo de dónde salía. Cubierta la cabeza con un velo, sorpresivamente la veían caminando a dos pasos de algún transeúnte que regresaba a la casa después de divertirse. Sus almidonadas enaguas y sus amplias polleras sonaban al andar y un exquisito perfume dejaba a su paso.

Debía ser muy linda. Tentación daba alcanzarla y decirle una galantería. Pero la dama caminaba y caminaba. Como hipnotizado, el perseguidor iba tras ella sin lograr alcanzarla.

De repente se detenía y, alzándose el velo, se enfrentaba con el que la seguía diciéndole:

-¡Mírame como soy! Si ahora quieres seguirme, sígueme…

Una calavera asomaba por el rostro y un olor a cementerio reemplazaba el delicioso perfume.

Paralizado de terror, loco o muerto quedaba el hombre que la había perseguido. Si conservaba la facultad de hablar, podía contar luego que había visto a La Tapada.


Via Creepypastas


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