La casona del suicidio

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La historia empieza en la época de 1923, a 30 kilómetros al suroeste de la ciudad de Bogotá: justo en aquel lugar son construidos los cimientos de una casa que traería tragedia más que felicidad. Carlos Arturo Tapias era el encargado de esta construcción, como símbolo de felicidad y elegancia de los ciudadanos de élite de 1920. Se ubicó justo en el borde del Salto de Tequendama, una caída de 156 metros. Para 1927, la edificación, con arquitectura francesa, estaba terminada. Era una hermosa casona, la cual hacía contraste con su paisaje, donde pasaba el Río Bogotá, más al fondo una cascada y un monte a su alrededor. La muy hermosa casona se convirtió en el lugar en que la élite colombiana (presidentes, alcaldes, generales, etc.) se hospedaba y disfrutaba de lujosas fiestas. Pero detrás de todo esto encontramos terribles historias, antes y después de su construcción.

Durante la época precolombina, una tribu, de la cual desconocemos el nombre, realizaba sacrificios en aquel lugar, lanzando a sus sacrificantes al abismo en nombre de los dioses. Así, supuestamente, no se rompería el mundo en dos como ellos creían. No obstante, y a pesar de que el método era muy efectivo, a veces desmembraban al sacrificante en público y lanzaban sus tripas al aire, para que los dioses estuviesen felices, y el cuerpo al abismo, para que vaya al infierno. Todo esto terminó cuando las tribus fueron conquistadas, pero las torturas no acababan. A los rebeldes los llevaban a dicho lugar y los torturaban. Sí se oponían, eran obligados a lanzarse en una caída mortal.

Ahora, si creen que la construcción de 1923 por Carlos Arturo Tapias terminó con esto, están equivocados. Siendo una de las construcciones más bellas y conocidas por las figuras que se hospedaban en sus cuartos, mucha gente iba a conocer la casona, de entre las cuales había quienes acudían por su ideal geografía para un suicidio. En efecto, muchas vidas se perdieron voluntariamente desde este edificio, en una caída de seis segundos que prometía una muerte segura.

La historia de los suicidios empieza mucho antes, pero en 1941 se dio fin a estos. El destacado caso del suicidio del taxista Eduardo Umaña, quien vino de la ciudad de Neiva para acabar con su vida, puso fin a la “época dorada del suicidio”, como dicen muchos, pues en 1941, luego de 9 días de búsqueda, pudieron recuperar su cadáver. Además, luego del primer intento (y digo primer intento, pues los anteriores fallaron), Jorge Bejarano, fiel amigo del taxista, intentó tirarse en seis ocasiones, pero sus compañeros lo evitaron. Se dice que tenía un pacto suicida con Umaña: ambos se matarían con un día de diferencia. Los compañeros, luego de una ardua búsqueda en El Lago de los Muertos (adonde llegaban los suicidas y luego desaparecían), al segundo intento, localizaron el cadáver de su compañero, pero la asfixia causada por el remolino formado por la cascada imposibilitaba la recolección del muerto.

“Una absoluta soledad, poblada solo por el ruido tormentoso de agua despeñada y por el permanente olor a cadáver en su putrefacción”, era la descripción que brindaba un diario. Hay muchos casos que destacar, como el de José Suarez y su suicidio público, o del extraño hombre que leyó un libro a la Virgen María. Si quieren, pueden buscar.

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Casona Tequendama

También, existía un lugar llamado “La piedra del suicida”, de donde se tiraban los suicidas, así como que, otra versión cuenta que desde allí eran despeñadas las víctimas de ciertos asesinos. Según se ve en la piedra, antes había dos letreros que decían: “Tus problemas tienen solución”, y también: “El señor Jesucristo te dice: yo soy el camino, la verdad y la vida”. El segundo letrero era un cartel para rendir honor a un suicida. Se dice que si te paras en la piedra, puedes sentir el hediondo olor a muerte y dolor, que te puedes marear y caer…

Aunque, al parecer, en 1941 se puso fin a los suicidios, esto no es del todo cierto. Si bien los suicidas se sentían desalentados sabiendo que sus cuerpos podían ser encontrados, muchos de entre ellos seguían tirándose desde “La piedra del suicida”.

Algunos pocos aventureros afirman que, al entrar en la casona, ven por el rabillo del ojo siluetas moverse a su alrededor, y algunas tirándose al abismo, escuchan lamentos de agonía, llenos de confesiones de pecados que cometieron cuando se encontraban vivos. Desde entonces se decía que la casona, como el Salto de Tequendama, estaba maldita por alguna clase de hechizo de la tribu que vivió allí.

En los siguientes años, el lugar se empezó a deteriorar con la humedad, pues había sido abandonado hace varios años, y aunque se planeó una reconstrucción en 1950, nunca se llevó a cabo por los horrores que sufrían los trabajadores, afirmando que los suicidas muertos los incitaban a tirarse desde el Salto. El lugar se volvió más siniestro y se reportaron suicidios, pero con menor frecuencia. La Casona poco a poco se convertía en un cementerio, pues se ponían piedras con los nombres de los suicidas. Según varios pobladores de la zona, en ese lugar las siluetas siguen apareciendo, y algunos las identifican con los suicidas de épocas posteriores.

En fin, las historias del lugar son demasiadas para contarlas, y algunas realmente perturbadoras para la mente humana, alimentando las leyendas y fantasías de la Colombia actual, principalmente por ser un lugar tan siniestro, con un aura de misterio y con ambiente silencioso, tan solitario y desolado, que se dice que se pueden ver caras humanas en lamento, y una extensa neblina que consume todo en la casona. Las siluetas misteriosas son ya muy conocidas, principalmente por adoptar todo tipo de formas, algunas incluso más perturbadoras que otras…

En 1990 la casona fue abandonada definitivamente, principalmente por la contaminación del río, y estuvo así por más de dos décadas. El lugar perdió mucha fama y fue cayendo en el olvido, condenado a pudrirse con el paso del tiempo. Pero en 2012, El Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia y la Fundación Granja Ecológica el Porvenir se encargaron de renovar el edificio y convertirlo en un museo. Finalmente, abrió sus puertas en agosto del 2012, con una exhibición de cavernas.

No obstante, las leyendas siguen circulando por el lugar, que no ha perdido el ambiente siniestro de tantos años de tragedias. Se cree que nunca se podrá saber la verdad del misterio que oculta bajo sus paredes.


Via Creepypastas


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