Atras de la Puerta
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La historia de Carlitos y su ritual (Charlie, Charlie)

Soy Carlitos y puede que me conozcas como Charlie. Tengo doce años o los tenía cuando morí, hace mucho tiempo y cuando era realmente un niño. Cuanto puedo recordar sobre mi muerte se reduce a la vaporosa imagen de mi madre, que solía enojarse, conduciéndome de la mano hasta una habitación pequeña. Sumido en la oscuridad absoluta…, fue terrible. Mi madre cerró la puerta y le dio doble vuelta al cerrojo, abandonándome en mi confusión y espanto. Pero una luz brillaba pálida, como fuego…
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Soy Carlitos y puede que me conozcas como Charlie. Tengo doce años o los tenía cuando morí, hace mucho tiempo y cuando era realmente un niño. Cuanto puedo recordar sobre mi muerte se reduce a la vaporosa imagen de mi madre, que solía enojarse, conduciéndome de la mano hasta una habitación pequeña. Sumido en la oscuridad absoluta…, fue terrible. Mi madre cerró la puerta y le dio doble vuelta al cerrojo, abandonándome en mi confusión y espanto. Pero una luz brillaba pálida, como fuego.

Debajo de los contornos de la puerta hermética se deslizaba, propagándose por toda la habitación sus llamas ardientes. ¿Te has preguntado qué tipo de óbito es el más doloroso? Morir calcinado vivo, y yo lo comprobé. Doloroso, infinitamente doloroso, en grados inaccesibles al entendimiento humano. Mientras lanzaba gritos agónicos y me retorcía derramando llanto abundante, oía una risa ufana, aguda, repugnante. ¡Asesina!, yo era solo un muchacho bueno, común y corriente, deseoso de alegría, de dibujar durante las lecciones escolares y calar mi sombrero favorito, orando como siempre hacía.

No soy tan ordinario ahora como entonces, pero me sulfuro de enojo. Mi espíritu aún siente negro rencor; lo positivo de no ser un vivo, por otro lado, es elocuente: ignoro lo que es el hambre, la sed y el sueño, no necesito obedecer a nadie. Recorro América de extremo a extremo, atravesando sus tres continentes; a veces camino al ras de las aguas, semejante a Jesucristo, para visitar las otras regiones del mundo. Últimamente he explorado ese lugar enorme, vasto y muy interesante que llamas Internet. Mi alegría parece justificada, pero mi espíritu aún siente negro rencor.

No me puedes ver a menos que yo lo consienta. El procedimiento al que te aleccionaré se insinuará simple; no lo es. Si quieres verme o intercambiar algunas palabras conmigo, obtén un papel y dos lápices. Sobre el papel traza un cuadrado segmentado por cuádruple cuadrante, escribiendo “sí” en el área inferior derecha y en la superior izquierda, y colocando “no” en el área inferior izquierda y superior derecha; a continuación cruza los lápices entre las palabras escritas. Pronuncia mi nombre dos veces y pregúntame si estoy invitado a jugar. Si estás de suerte, la punta de grafito de uno de los lápices girará hacia un “no” o un “sí”.

Si es un “sí”, las preguntas pueden proseguir: contestaré lo mejor que pueda. Pero precediendo al ritual, debes asegurarte de que quieres jugar conmigo, pase lo que pase. Acaso yo no te resulte simpático o te desagraden mis juegos. De lo contrario, espero que difundas mi historia. Llámame y pregúntame si quieres jugar conmigo, ahora que has llegado tan lejos, demasiado lejos. Busco amigos nuevos con quienes jugar, y puesto que te considero uno, pues tú me conoces, debes ayudarme a cosechar nuevas amistades, a menos que pretendas que yo venga a por ti, preguntándote incansablemente si quieres jugar conmigo.

Quizá te vea pronto, mi nuevo amigo.


Via Creepypastas


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