Fallo en la realidad

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La Realidad

Recuerdo que cuando cumplí 16 años, con mis padres, nos tuvimos que cambiar del barrio en el cual estuvimos desde toda la vida, eso no es algo del todo agradable pero qué se le va a hacer. El nuevo vecindario era muy bonito y me hice de varios amigos con los cuales íbamos casi siempre juntos para todos lados. De entre estos amigos he de mencionar a Gabriel, un chico muy inteligente y simpático con el que compartíamos casi los mismos gustos musicales y con el que pasaba la mayor parte del tiempo durante aquellas tardes. Él venía para mi casa o yo iba para la de él y a veces nos visitábamos el fin de semana completo. Durante una tarde de no sé qué día decidí ir a visitarle sin siquiera llamar antes (por lo general una llamada telefónica bastaba solo para confirmar si iba a estar en casa). Con tal que al cabo de 20 minutos ya estaba parado frente a la entrada de su casa. Golpeé la puerta y, tras esperar por algunos segundos, me abrió la puerta un hombre de alrededor de 40 años que me miró con particular extrañeza, tenía una barba a medio rasurar y algunas canas se dejaban ver en su cabellera.

-Oh… hola, ¿se encuentra Gabriel?- pregunté.

-Yo me llamo Gabriel.- me dijo riéndose.- ¿En qué te puedo ayudar?

En ese instante creí que me había abierto la puerta su papá, pero luego recordé que Gabriel no tenía padre, solo vivía con su mamá.

-Estoy buscando a mi amigo, tiene 16 de años y es de mi estatura…- comencé a describirlo pensando que estaba hablando con un tío o algún otro pariente de mi amigo que estaba de visita.

Mientras le describía a Gabriel pude notar que aquel hombre comenzaba a mirarme de forma extraña. Luego de un instante de vacilación me dijo finalmente que mi amigo no se encontraba en casa en aquel momento.

-Ya… ¿y no sabe a qué hora va a volver?- pregunté.

Tras pensarlo por algunos segundos me dijo una hora en específico y sin más nos despedimos. Más tarde, fui otra vez a la hora que me había dicho y me abrió la puerta Gabriel, mi amigo de 16 años.

-Estuve hablando con un pariente tuyo, se llama igual que tú.- le dije cuando estábamos en su habitación.

-¿Eh?, ¿a qué te refieres?- me preguntó sin comprender.

Le expliqué lo que había sucedido y tajantemente me contestó que no tenía ningún pariente que se llamara como él, también me dijo que él estaba en casa a la hora que yo fui y hablé con ese hombre de 40 años. Ambos nos asustamos, sobre todo yo al percatarme lo mucho que aquel hombre se parecía a Gabriel. Acordamos no contarle a nadie sobre este suceso tan extraño.

Han pasado los años y aún sigo en contacto con mi amigo, quien actualmente estudia física cuántica…


Via Creepypastas


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