El mundo es un frasco

«¿Alguna vez sintieron que eran parte de algo más grande? Lo llaman de muchas maneras, algunos piensan en una obra divina, otros en que es todo parte de un gran sueño, yo simplemente un frasco.»

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Soy el retoño de una pareja de clase alta de Inglaterra, nací en el siglo XIX. Recibí la educación básica mínima, apenas aprendí  a escribir y leer. La mayoría de las lecciones eran preparativos para la vida en matrimonio (siendo aún una niña).

Desde pequeña me enseñaron a ser sumisa, a ceder ante un hombre, a estar bonita, a no dar una opinión, a cuidar a mis futuros hijos y encargarme de la casa. Mi niñez fue una preparación para toda una vida de rutina, de la cual no podía huir, puesto que solo podía pensar en eso, y de eso me hablaban siempre, con un tono elocuente.

Crecí, me volví una hermosa jovencita, acostumbrada a obedecer cualquier deseo. Mi familia obtuvo un arreglo matrimonial con una familia adinerada, de repente y sin aviso, en unos días me casaría con un hombre que no conocía. Compañera hasta la muerte de alguien que  no conocía, así era mi vida. Naturalmente obedecí, no tenía otra reacción. 

Mi vida se transformó en un infierno. Una gris versión de lo que se pensaba  entonces que era la gran vida inglesa adinerada. Cuidar a mis 2 hijos, cuidar la casa y cocinar. Todos los días exactamente lo mismo, pero siempre me presentaba con una sonrisa y la máxima energía posible.

Algunos años después de tener la misma  enfermiza rutina, comencé a sufrir las consecuencias de una aparente depresión. Me vi invadida por una indiferencia y un agotamiento rápido ante cualquier tarea. No saludaba ni me comunicaba con otro ser humano, razón por la cual mi esposo tomó cartas en el asunto y llamó al entonces mejor doctor del país. Pronto fui diagnosticada de histeria y sufrí uno de los peores momentos de mi vida, la “cura” para esa “enfermedad”. 

Ese momento sólo se vio superado por algo peor, crudo y existencial, lo que era el mundo.

La gran depresión y tristeza de esos días, junto al diagnóstico y la falta de atención de mi familia, generaron una pérdida secuencial de la cordura: 

Al principio tuve una época de hiperactividad, en la que dialogaba rápidamente e ignoraba temas que pudieran llevar a una charla sobre salud mental, puesto que me estaba dando cuenta de que algo me estaba ocurriendo.

Finalmente, caí ante la tristeza y el dolor. Ya no salía de mi cama, me quedaba todo el día allí, acostada, pensando y llorando. Pasaron exactamente 6 días, cuando me levanté, desesperada por una extraña visión confusa, había visto un extraño hombre, al parecer gigante. Las imágenes eran borrosas, pero podía recordar que su aspecto era aterrador. Al abrir los ojos vi algo que me dejó perpleja. La habitación estaba vacía, no había objetos, ni paredes, ni piso, ni puertas. Estaba atrapada en un tipo de frasco. Era transparente, y antes de observar toda la situación, comencé a golpear el objeto inútilmente, hasta resignarme.

En el momento más desesperante y frustrante de mi vida, solo me quedaba observar. El frasco era transparente y podía ver a través de él. Estaba en una especie de cueva, con 2 mujeres desesperadas dentro de un frasco igual al que me encerraba, pero estas sólo repetían un movimiento sin mediar una palabra.

Todo se oscureció y una voz ronca y muy grave exclamó: -¡Bienvenida al mundo real!, todo es una ilusión amiga mía, pero pronto terminará-

Entonces de las sombras ascendió la gigante figura de mis pesadillas,  posó la mano encima del frasco e inmediatamente  una blanca bruma  avanzó y en un segundo terminó con mi vida, mi vida en un frasco.

El mundo es un frasco


Spin-off/Crossover: Relatos de un investigador: “Frascos”


Via Creepypastas


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