El cura sin cabeza

 En una capilla perteneciente a un pueblo norteño de Argentina daba su habitual misa el Padre Miguel. Párroco de la misma desde hacía mucho tiempo, y muy querido por los pocos habitantes que vivían en ese pueblo, que a pesar de ser muy chico, su cálida gente no dejaba de concurrir todos los domingos en la capilla para participar de la misa que él mismo llevaba a cabo.

Como dicen común mente: pueblo chico, infierno grande y les explicaré porqué…

Se comentaba que el gran Padre tenía una amante que todos los viernes, cuando su marido (el albañil del pueblo) iba de cacería al monte y sabiendo que no volvería hasta el día siguiente, se dirigía hacia la capilla y pasaba la noche entera con el Padre Miguel. Quien se había enamorado perdidamente de ella aún sabiendo que la mujer era casada y peor aún, sabiendo que estaba cometiendo el peor pecado desde que entregó su vida a Dios. Pero el secreto debía guardarse bajo siete llaves porque ambos sabían los riesgos que corrían si alguien se enteraba de la relación que tenían.

Durante mucho tiempo tuvieron su nido de amor, todos los viernes ella esperaba que se fuera su marido, preparaba sus cosas y se dirigía rumbo a la capilla ansiosa por ver a su amante y pasar la noche junto a él.

Pero al cabo de un tiempo el secreto guardado bajo siete llaves se escapó y comenzó a correr el rumor de que la Sra. del albañil misteriosamente acudía a la capilla los viernes por la noche cuando se quedaba sola, aún sabiendo que a altas horas de la noche la capilla ya estaba cerrada para todos, y sin embargo entraba por un costado donde daba a la habitación del Padre Miguel y hasta el amanecer no se retiraba.

Obviamente el rumor llego a oídos de su marido quien no le dio importancia al principio, pero luego como se empezó a correr por todo el pueblo prestó más atención y quiso sacarse la duda prometiendo que si era cierto los mataría a los dos.

Era viernes por la mañana y comenzó a preparar todo como era costumbre para irse al monte de cacería ni bien anochezca, le preguntó si quería que esa noche se quedara con ella teniendo en cuenta que todos los viernes la dejaba sola pero solo lo hacía para ver que respuesta obtenía de su esposa, ella le contestó que no, que se fuera tranquilo, que cenaría algo y se iría a la cama temprano porque se sentía cansada. Todo transcurrió con normalidad durante la tarde, llegado el momento alistó sus cosas, le dio un beso a su mujer y salió con rumbo al monte como todos los viernes.

Ella esperó unos minutos y comenzó a cambiarse, también como todos los viernes, iba a encontrarse con su amor secreto, al menos eso creía, que aún era su amor secreto.

Salió con destino a la capilla donde la esperaba el Padre, cuando llegó golpeó dos veces la puerta como de costumbre y nadie salió, volvió a golpear con insistencia y la puerta se abrió sola como si alguien ya le hubiese quitado la llave. Entró y llamó a Miguel ya con una extraña sensación de que algo no andaba bien, miró hacia la otra puerta que comunicaba directo a la capilla y ésta se abrió de golpe, pero para su sorpresa no era el Padre quien entró con violencia sino su marido que luego de haber asesinado al Párroco, de un solo salto se le abalanzó sobre su cuerpo y la empujó contra la pared, ella cayó al suelo inconsciente; luego la levantó y la llevó hasta el monte donde cavó un profundo pozo y la enterró viva, no murió del golpe que se dio en la cabeza sino asfixiada cuando la enterró para que sufra más, por lo que le había echo. Al Padre previo a que ella llegara a la capilla le había cortado la cabeza con un machete que solía llevar en su cacería. 

Cabó otro pozo al lado de donde había enterrado a su mujer, se dirigió nuevamente a la capilla y sacó el cuerpo del cura para luego enterrarlo uno al lado del otro. Hizo una cruz con un pedazo de madera y lo clavó justo en el centro de los dos, se cortó la punta del dedo y con su propia sangre escribió en la cruz “TRAIDORES”.

Pasaron muchos años, pero aún queda en el pueblo la historia de aquella época del cura y su amante que fueron asesinados a sangre fría, y dicen por ahí que si pasas por el lugar a altas horas de la noche puedes ver al Padre Miguel caminando por el monte en busca de su cabeza y buscando venganza con toda su furia contra todo aquel que encuentre en su camino.

Cura sin cabeza


Via Creepypastas


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