Dientes perfectos

No es nada fuera de común el sentir un miedo irracional hacia los dentistas, y es que en muchas ocasiones un recuerdo del doloroso tratamiento de la infancia, o la brusquedad del dentista en nuestra cavidad bucal pueden ser verdaderos factores para desarrollar ese miedo, pero sin duda lo peor de todo es esa segadora luz que nos ciega mientras unos ojos nos miran constantemente, robándole la humanidad a un ser que se oculta tras un cubrebocas. Sin embargo yo nunca padecí este absurdo miedo, a la edad de 6 años tuve caries en varias de mis muelas por lo cual tuvieron que someterme a un tratamiento con amalgamas, pero después de esto tuve una excelente salud bucal pero la herencia genética me hizo una mala jugada siendo poseedor de unos despreciables dientes chuecos.

El dentista familiar recomendó iniciar la ortodoncia después de mi mayoría de edad ya que la radiografía mostraba que las muelas del juicio venían chuecas por lo cual surgirían problemas posteriormente. Al llegar a la edad y solvencia económica pues quería hacer esto por mí mismo inicie el tratamiento sin mayor problema; al cabo de un año y un par de meses estaba próximo a concluir el tratamiento, sin embargo por cuestiones del destino fui transferido por el trabajo a una pequeña ciudad bastante lejana de mi actual residencia. Al ser una buena oportunidad económica y profesional acepte a pesar de la urgencia del traslado.  

Siempre me consideré una persona independiente a pesar de siempre haber vivido con mis padres y hermano por lo cual este cambio me pareció una aventura, al terminar de desempacar lo primero que hice fue salir a recorrer la ciudad y buscar un dentista para seguir con el tratamiento y por fin deshacerme de estas cosas que habían sido la fuente de mi malestar en tantas ocasiones. Al no conocer a nada ni a nadie en este nuevo lugar no logre mi objetivo, por lo cual acudí a la mejor herramienta que tenía a la mano ¡Internet! Rápidamente halle un hospital de especialidades el cual ya había visto en mi recorrido pero al cual no ingrese, de inmediato me dirigí al lugar.

El lugar era un edificio de aspecto antiguo como muchos en esta nueva ciudad, ingrese y el interior parecía más bien estructurado como una casa que como un hospital, seguí las indicaciones de los letreros para llegar al dentista, se encontraba en el cuarto y último piso. Esta parte en particular del edificio era más oscura que el resto, me acerque al módulo de recepción pero estaba vacío, la puerta se encontraba abierta y una voz femenina me indico que pasará, así lo hice.

Ingresé y la doctora me indico que me sentará en el sillón dental, se presentó, me acomodó en la típica posición reclinada y me cegó con la típica luz, comenzó con su revisión, le explique el avance  del tratamiento, ella siguió con su revisión, me dijo que veía una extracción en mi maxilar inferior, le comente que el dentista anterior la realizo para avanzar más de prisa con el tratamiento, de inmediato me pregunto que si la tenía, le dije que sí, pensando en la bizarra tradición de los dentistas de entregarte las piezas dentales retiradas y lo aún más bizarro que resultaba que aún conservaba el estuche con forma de ratón, me pidió verla para la próxima cita.

Le pregunte que cuando me quitaría los brackets y respondió que ahora mismo, se me hizo un tanto extraño que toda la revisión me la hizo con las manos desnudas, y reviso cada uno de mis dientes uno por uno, diciendo son perfectos, y ahora después de aquella experiencia yo diría que hasta excitada, me pare de abrupto y recordé que tenía que ver a mi casera, ella me miraba con una expresión indescifrable en su rostro, di medía vuelta y me retiraba del lugar cuando de pronto me tomo por el brazo de una manera casi violenta y me entrego un pedazo de cartón y una pequeña botella, su carnet con la próxima cita y un enjuague para reducir la sensibilidad, así no habrá problemas al retirar los brackets, me dijo con una sonrisa.

Al llegar a casa despache a la casera y me fui a la cama después de cepillar mis dientes. A la mañana siguiente después del desayuno me dirigí a lavar mis dientes como de costumbre pero mi cepillo estaba bañado de sangre, los mismos brackets llegan a lastimar  la encía la cual se inflama y es normal el sangrado, sin embargo no recordaba que hubieran sangrado en la noche o en algunos meses, no le tome demasiada importancia enjuague el cepillo y procedí a lavarme.

Al culminar mi jornada laboral me dirigí a mi casa a la cual llegue a lavarme los dientes y dormir pues había tenido un poco de dolor en la boca por lo cual me apetecía descansar. Esa noche dormí poco pues una sensación de que alguien exploraba mi boca mientras dormía no me dejo descansar,  esta sensación se repitió una y otra noche, yo me encontraba totalmente irritable por el dolor durante el día y completamente asustado al ver unas manos ancianas hurgando entre mis dientes durante los sueños, sabía perfectamente que mi inconsciente mes estaba avisando que tenía que ir a donde la dentista, sin embargo un miedo inexplicable me hacía posponerlo hasta que una semana el inaguantable dolor me obligo a regresar al dentista no sin antes realizar una nueva búsqueda de los dentistas de la ciudad dándome una decepción al no encontrar ninguno, por lo cual tendría que regresar con actual doctora.

Llegue al hospital y subí directamente al cuarto piso nuevamente no había pacientes para mi buena suerte, ni recepcionista por lo cual me invito a pasar la doctora, le conté de mis dolores y me dio unas pastillas, las cuales indico podrían tener como efecto secundario una sensación de amargo. Tome las pastillas y salí de allí lo más rápido que me fue posible, lave mis dientes tome las pastillas y dormí como un bebé, sin dolor y sin pesadillas.

Dormí hasta tarde por lo cual se me hizo tarde para el trabajo, lave mis dientes y salí corriendo, al mediodía mi fortuna cambio ya que al comer sentí en mi paladar el más amargo de los sabores, por lo cual vomite lo poco que había ingresado a mi organismo, para el final de mi jornada nuevamente me encontraba irritable pues cualquier alimento que ingería a mi boca incluida el agua me dejaba el más amargo de los sabores, el dolor regresaba a mis muelas, y el vacío de mi estómago causado por el hambre incrementaba mi frustración, tome la pastilla sin agua que alivio casi de inmediato mi malestar bucal.

Tras varias arcadas al concluir de comer el pedazo de pan con el sabor más horrible del mundo por fin pude dormir, desgraciadamente las pesadillas regresaron. Fueron las peores semanas de mi vida un día aguantando el dolor para poder comer, otro día aguantando el hambre para medicarme y siempre unas cuantas horas de sueños asaltadas por esa maldita sensación de que alguien hurga tu boca.

Al despertarme me di una mirada al espejo me veía realmente horrible, sin embargo mis dientes seguían perfectos y hasta más blancos que nunca, vaya pensamiento. Me encontraba desconcentrado, irritado, hambriento y frustrado que casi dejo pasar mi cita con la dentista que por primera vez me encontraba feliz de ver. Una vez más llegue al hospital subí las escaleras corriendo sin reparar en nadie, como siempre la sala de espera y recepción vacías por lo cual me aventure al consultorio, te estaba esperando me dijo esa conocida voz que me sonó casi ansiosa, siéntate, voy a preparar las herramientas, me recosté en el sillón con esa luz dando directo en mis ojos, cerré los ojos poco a poco fui relajándome, llegue a estar casi dormido, sentí una textura como tela en mis antebrazos seguida  de una fuerte presión en ambos brazos estaba inmovilizado, por lo cual me puse muy alarmado, pero lo peor estaba por venir, la luz del cuarto disminuyo, un intenso frio se apoderó de mí aún me  pregunto si era el pánico o el nerviosismo, por primera vez me percate que este consultorio siempre tenía muy poca luz pero ahora la única luz era la lámpara del sillón dental que daba directo en mi cara, vislumbre una silueta, sabia de quien se trataba pero no podía verla del todo bien, tus dientes van a ser mío, me dijo, sude frío, quería llorar, intente mover zafar mis brazos pero estaba débil por el poco descanso y mala alimentación, estaba perdido lo sabía, no pude evitar las lágrimas y gritos de terror, los cuales incrementaron cuando se acercó y la vi, la doctora con el pelo alborotado completamente desnuda excepto por el cubrebocas, pero eso no era lo que me dejo en shock, de su cuello colgaban varios collares que cubrían sus senos y coronaba su cabeza una putrefacta corona de dientes, era simplemente espeluznante, son perfectos, son perfectos para mi dijo al tiempo que se quitaba el cubrebocas, era la primera vez que la veía sin él, tenía una podrida dentadura negra con algunos piezas faltantes y algunos dientes rotos, me resigne y esperé lo que venía, se acercó a mí, mi respiración agitada, mi pecho subía una y otra vez, con una mano tapo mi nariz, en la otra llevaba los instrumentos propios del dentista, no había más que hacer, abrí la boca para evitar asfixiarme, en cuanto acerco su mano la mordí tan fuerte como pude sintiendo el peor de los sabores más amargo que cualquier cosa que haya comido antes incluso después de las pastillas, ella dio un espantoso grito, me dio una bofetada con la otra mano, se sobaba y retrocedió un poco lo suficiente para darle un certera patada en su estómago pues nunca ato mis pies, ella se dobló  quejándose al solo haber atado mis antebrazos pude levantarme con los dientes retire los pedazos de venda de uno de mis antebrazos, la vi tirada pero esta vez era distinta era una anciana completamente arrugada adornando su asqueroso cuerpo con la macabra joyería, salí corriendo y gritando, bajando las escaleras me sujetaron un par de personas, les conté mi historia, me dijeron que esa parte del hospital estaba clausurada que no había dentista en esa ciudad sino en un pueblo que yo no conocía, me llevaron con la policía local a declarar, al ver que no me creían me retracte, me impusieron una sanción administrativa por alterar el orden público, renuncie a mi trabajo y regrese a donde mis padres, nunca me sentí tan aliviado como cuando aquel camión se alejaba de aquella ciudad, mi compañero de asiento quien iba dormido llevaba un periódico el cual me causo ansiedad y lo tome, era antiguo y uno de sus encabezados mostraba “Doctora local despedida por Gustos raros” y la foto de mi única conocida en aquella ciudad fui corriendo al baño del camión a vomitar, regresé y me encontré con la ausencia de mi compañero de asiento.

Un par de meses en mi ciudad con mi gente y recupere mi semblante, y mi salud, además que por fin acabo el tortuoso tratamiento de ortodoncia, ya casi me acostumbro al sabor amargo de la comida, ya casi puedo comer sin vomitar y lo mejor de todo, conservo mis dientes perfectos.


Autor: Erevt


Via Creepypastas


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