Desde los pies

Hace unas horas que me encuentro debajo de mi cama, protegido por la oscuridad. Siento mucho miedo, muchísimo miedo. Alguien está acostado en mi lugar, y su brazo cuelga, putrefacto, horroroso. Huele a carne en descomposición, es indescriptible.

Vivo en el campo, en medio de San Horacio, donde laboro desde años atrás y… ¿Pero qué es esto? Me duelen los pies… Él apareció hoy, en la noche temprana, cuando me preparaba para dormir. Entré en mi alcoba sombría, pero me detuve en el umbral, conmocionado, sepultando mi mirada en sus ojos vidriosos, centelleantes. Contuve el aliento: no era recíproca. Quise lanzar un grito estridente, y vaciarme de ese terror helado. Mis fuerzas flaquearon, temblaron mis rodillas: irradiada débilmente por el halo nocturno de la ventana, mi cama retenía en sus húmedas sábanas a una mujer, si así podía llamársele, desfigurada al borde del paroxismo sádico, exánime.

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Instintivamente me escabullí, y por debajo de mi cama me oculté, implorando por que no me descubriese: las tinieblas me son propicias, ¿he de esperar a la aurora?. Las náuseas, madres de las arcadas espasmódicas, no me abandonan. Del brazo inanimado chorrea un hilo de espesa sangre. Miserable mujer, en paz ojalá descanses. Y yo, ¿qué es lo que haré sino imitarla, parecer un difunto? Ay, esto se torna insoportable, no se mitiga. Me duelen los pies como si me los apretasen duramente. Y si, ¿s-será posible…? No quiero ni pensarlo, no cometeré el inexorable error de creerlo… Pero debo saberlo. Volveré la cabeza para cerciorarme, t-temiendo lo peor… ¡Por el amor de Dios! ¡Sus dedos homicidas y las ensangrentadas manos, burlonas! ¡Maldita sea! ¡Y esos dos ojos centelleantes, esos dos pozos aguanosos, triunfantes!


Via Creepypastas


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