Dark Girl

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El otro día recibí una carta. La señorita Agnes, la encargada del orfanato, me la entregó asegurando que al parecer no tenía remitente. Tuve algo de miedo ya que estas cartas sin remitente pueden ser algo peligrosas, e incluso, pueden ser amenazas de muerte. Pero dado que no soy alguien tan conocido para recibir algo así, decidí leerla. Cuando la abrí, la letra en la que estaba escrita se me hacía bastante familiar.

—Quizás es solo impresión mía— Pensé.

El contenido de la carta, era el siguiente:

Amado John:

Comprenderé que te sorprenderás cuando recibas esto, no te culpo, yo también tendría la misma reacción; bueno, he de advertirte que esta carta será extensa, así que es mejor que te pongas cómodo.

La vida no es sencilla para nadie, ¿verdad? Sólo a veces hay unas pocas excepciones en las que ella es apacible con algunos individuos, pero puedo decir con plenitud que ella ha sido muy cruel con nosotros.

Aún recuerdo ese fatídico día que todo cambió para mi, en la que mi vida dio un giro violento. Tenía 8 años, había llegado de la escuela como todos los días, pero  aquella vez decidí entrar por la puerta lateral, quizás fue para gastarle una pequeña broma a mi madre. Cuando puse mi mochila en el suelo noté que este estaba plagado de manchas de sangre. Me asusté bastante, sin embargo traté de calmarme pensando que a lo mejor mi progenitora tuvo un accidente. No obstante, seguí el rastro que me condujo hacia la sala de estar. Y en tan solo ese momento, pude contemplar el cuerpo sin vida y desangrado de mi madre que yacía en el suelo.

Lo mejor y lo mas coherente, hubiese sido mejor llamar a emergencias pero simplemente me quedé paralizada, como la pequeña niña que era.

En el momento que llegó mi padre, Maximilian, unas horas mas tarde, nuestra casa se infestó de policías y forenses, cubriendo  con cintas de “prohibido el paso” todo el lugar; desde ese momento, a mi padre que tuvo un matrimonio inestable, pareció importarle la muerte de su esposa. Se tornó frío y hostil con todo aquel que le rodeara, y se adentró en su propio universo del cual jamás salió.

Nueve años pasaron en un abrir y cerrar de ojos, Max se casó con su nueva esposa, que era la amante con la cual engañó a mi madre, de eso estoy segura; tuvieron un hijo; suelo creer que se casó nuevamente  para no sentir soledad, y para que la muerte no tocara su puerta encontrándose solo.

Jamás me adapté por completo al nuevo estilo de vida que llevaba, siempre me sentí algo diferente y un poco ajena a lo demás… A veces ignoraba ese hecho, pero tratar de ocultarlo era simplemente inevitable, yo soy diferente. No fui consciente de ello, hasta hace poco tiempo.

Debo reconocer que odio la escuela, no sólo por la gente estúpida que se burla de otros por sus gustos o su físico, sino por los maestros quienes la mayoría del tiempo son odiosos y autoritarios de una manera irracional, no quiero generalizar pero lamentablemente suele ser así; de igual forma no iba a clases, me quedaba perdiendo el tiempo en el aula de artes. El lugar era solitario, nadie solía frecuentarlo, además de mí, porque el profesor Brooks , el encargado del sitio, estaba ausente dado que tuvo un accidente.

En fin, un día en particular tuve una pequeña visita en esa aula. Una chica entró, parecía bastante nerviosa, miraba fijamente la ventana como si quisiese hacer algo; Mientras, estaba escondida en mi rincón, observándole.

—Bueno, aquí estoy, es el momento—Declaró con la voz entrecortada—Es mi única oportunidad.

Me intrigaron sus palabras, pero seguí en silencio. Aún quería observar sus movimientos.

Ella se sentó en la ventana, y dejo que su cuerpo cayera al vacío, como si fuera una hoja cayendo al suelo. Lamento no haber tenido tiempo de reaccionar, lamento no haber hecho algo, pero antes de realizar una acción, su cuerpo yacía en el suelo. Me asomé a la ventana con rapidez, sentí  algo extraño en mi interior mientras contemplaba la escena, petrificada. No supe que hacer. El ruido fue estrepitoso, tanto que seguro en las aulas que se encontraban al rededor se escuchó. No tardo mucho antes de que la gente empezara a gritar al contemplar el cadáver.

—¡Tú, la de la ventana! ¡Ven inmediatamente! Llamaré a la policía. ¡Asesina!— Gritó con voz aterrorizada un docente que se encontraba cerca del lugar al verme.

Mi destino no era de adivinarse, era bastante obvio todo lo que sucedería, me acusaron de haber cometido un homicidio. Aunque tratarse de explicar que la joven se suicidó, nadie me creía, ante los ojos de todos era una asesina. La policía me permitió estar en casa mientras esclarecía la situación, pues aún las pruebas no me culpaban del todo, sólo pude limitarme a ver lo que ocurría a mi alrededor.

Max no estuvo, ni por un segundo, comprensivo respecto a la situación. Sé que en el fondo estaba dispuesto a matarme. Es mas, me humillaba en cuanta ocasión podía, y en alguna que otra ocasión, intento golpearme.

El presupuesto no era suficiente, no poseía los recursos para costear un abogado, por lo que era complicado tratar de defenderme. Y pensar que nuestra “familia” estaba aún peor, nadie quería a nadie, solo nos soportábamos porque debíamos. Mi madrastra, la peor de todos,  era una malnacida. Te maltrataba, John, te ridiculizaba y a veces te encerraba por horas. Ella no merecía ser llamada madre.

¿Recuerdas esa vez en la que te golpeó solo por dañar su peinado? Era alguien muy déspota, siempre te minimizó, y eras su hijo… Por suerte ambas ignorábamos la presencia de la otra y jamás me agredió a mi, pero nunca le perdoné lo que te hacía.

Lo que ocurrió afectó aún más mi entorno, horas y horas esperando a ser condenada por un delito que ni siquiera había cometido, soportar el maltrato verbal de mi progenitor, tratar de entender porque te llevaron a un refugio para niños y claro, tolerar los insultos de los demás.

Pero todo estalló una noche, donde Max intentó violarme, y esa mujer, ella, solo se quedó mirando sin hacer nada. No lo soporté, esa misma noche en la que decidí no tolerar más la presión y dejarme sucumbir ante el deseo de terminar con toda esa mierda. No preguntes por qué lo hice, ellos lo merecían. ¡Lo merecían! Todos están ahora en el infierno, donde jamás nos volverán a hacer sufrir… John, muy pronto tú y yo estaremos juntos.

Te adora, tu hermana:

Evangelyn. 

Creada por: JosefinaFirma JosefinaMatate, pero nunca dejes de vivir.


Via Creepypastas


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