C La Vecina

Hola, me llamo Virginia, y sí, tuve un pasado un poco oscuro, por eso os cuento esta experiencia. Ahora mismo tengo 19 años, pero cuando ocurrió todo tenía 13.

Hace 6 años me mudé a un pueblo de Cantabria por motivos de trabajo de mis padres. No conocía nada ni a nadie del lugar. Era un pueblo de 300 habitantes, y estaba un poco alejado de la ciudad. Tuve que ir a un instituto donde éramos 86 personas, contando alumnos y profesores. En el pueblo los niños iban siempre en bici. Tuve mala suerte porque a mi subir en bici nunca me ha gustado. A mi me gustaba más quedarme en casa y dibujar o ver series en mi portátil.

Un día, vi a un camión enorme llegar a la casa que estaba al lado de la mía. Me dio mucha curiosidad saber quien iba a vivir allí, ya que los vecinos contaban que esa casa estaba abandonada desde hace más de 10 años, aunque por dentro no estaba tan mal, y que si se arreglaba un poco era un lugar perfecto para vivir. Yo la verdad es que me quedé muy confundida al saber que un matrimonio con una hija de mi edad se mudaran a este pueblo. Parecían muy modernos, parecían ser ricos.

Mi madre es muy amigable, y fue a presentarse a los nuevos vecinos. Parecían agradables, hasta yo empezaba a pesar que iban a ser nuestros primeros amigos en el pueblo. Ese fue mi mayor error.

El padre se llamaba Andrés, la madre Alicia y la niña Silvia. Silvia era una niña rubia con ojos azules celeste, y era muy alta. Silvia y yo estuvimos hablando mientras nuestros padres y los suyos hablaban también. Me dijo que venían del propio Santander, lo único es que la casa en donde se van a quedar era la casa de su abuela, madre de su madre. Ella murió hace 11 años, y la casa la tuvieron sus tíos, pero por desconocidas razones, sus tíos se mudaron a Irlanda.

Silvia y yo nos hicimos súper amigas, íbamos a todos lados juntas, solíamos dar paseos por el pueblo, pero nunca entre en su habitación. Sí que entré en su casa, aunque las veces se pueden contar con los dedos de una mano. Ella siempre venía a la mía a estudiar, o nos quedábamos en mi jardín jugando y hablando.

Un día, Silvia no fue a clase. Para mí fue extraño porque ella nunca faltaba a clase, era una niña muy estudiosa que nunca se perdería una clase por nada. Después de clase fui a su casa a ver si estaba, pero allí no había nadie, ni ella ni sus padres. Fui a mi casa y se lo conté a mis padres. Mi madre me dijo que ella también quería hablar con Alicia pero no pudo porque no la encontró por ningún lado. Pensamos que habrían salido de vacaciones a algún sitio o a visitar a alguien, y dejamos de pensar en el tema.

Pasaron los días y no se sabía nada de ellos. Pasó un mes y me cansé. Salí de casa y me fui directa a la suya. De repente, veo a una señora bastante mayor en la ventana de la habitación de Silvia, cerré los ojos, los volví a abrir y ya no había nada. Me parecío raro, pero ni por esas me acobardé. Llamé a la puerta, pero nadie respondió. Me di cuenta de que la puesta estaba abierta, y sin temerle a nada, abrí la puerta. Estaba todo intacto, y muy limpio, como si lo acabaran de limpiar. Al ver a la señora mayor en la ventana, subí a ver si necesitaba ayuda o no tenía donde ir. Cuando subí me quedé petrificada.

Estaban las cabezas de Andrés, Alicia y Silvia en la cama de Silvia, y al lado la señora mayor, llena de sangre con una sonrisa de oreja a oreja. Salí corriendo de la habitación, pero no pude salir de la casa. La señora era la abuela de Silvia, y supuestamente no estaba muerta, estaba encerrada en la casa desde hace 11 años. Me dijo que ellos aparecieron para saber si todavía estaba allí y no había escapado, y para no hacer sospechar, dijeron que se quedarían un tiempo. Yo la verdad no sabía que pensar. Se lo conté a mis padres, pero no me creyeron, ya que ellos al día siguiente fueron conmigo a la casa y no había nadie. Ahora todos los días pienso en Silvia y por las noches me persigue su abuela en mis pensamientos.


Via Creepypastas


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