Amanecer zombie

Tropezó y cayó de bruces contra la silla, apenas sintió el brote templado de la sangre que rodeó su mejilla, perfilando la base de su tosca nariz achatada. Los gritos cesaron cuando se incorporó, mantuvo durante un segundo aquel latido eterno que se antepuso al silencio. Sin encender la luz se arrimó a la ventana, abriendo con dos dedos una rendija en la persiana, la calle amanecía gris y azulada, vacía, distinta…

Una mujer desaliñada vagaba sobre la mediana, casi podía escuchar su ahogado lamento, la reconoció al instante por su raido pelo canoso, era la vieja panadera.

Con el torso de la mano frotó su frente, empapada en sudor frió, pálida, tibia como el hilo de sangre que penetraba por la comisura derecha de sus labios.

La tensión inundó sus venas al contemplar como la delantera de aquel coche quebraba de un seco impacto la cadera de la vieja. Se agachó atrapando sus tripas para evitar que una arcada lo delatase, aguantó la tos, el vómito y el llanto que cegaba sus ojos enrojecidos. Sus manos temblaron al ritmo de la respiración que le atenazaba los tímpanos. Atemorizado, fue incapaz de reaccionar hasta escuchar de nuevo las voces alarmadas que lo despertaron, llantos infantiles, golpes huecos, desorden…

No podía dejarse vencer por el miedo, no ahora que su vida cobraba sentido, estaba preparado y había calculado cada paso. Pensó en Marta, debía encontrarla, ponerla a salvo, protegerla, si es que aún se mantenía con vida…

Se armó, se armó de valor y se armó hasta los dientes antes de abrir la puerta de su casa. La puerta hacia el infierno…

Zombie

Hacía ya tiempo que intuía en lo más profundo de su mente que aquello podría ocurrir… y todo, todo aquello que habría de suceder, sucedería de improviso, un día como hoy, de pronto, un domingo cualquiera…


Via Creepypastas


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