Black-White

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Desde muy pequeña, Blanca había sido molestada por muchas razones, pero las mas usuales eran:

  • Sus ojos de distintos colores

  • y aquella rara condición que padecía.

Esta segunda consistía en algo bastante raro, el lado derecho de su cuerpo, comenzando en el cuello hasta la cadera y de la rodilla a los pies era cinco veces mas sensible al dolor que el cuerpo de un niño pequeño, es decir, el mas mínimo rose de la ropa le causaba unas infernales cosquillas dolorosas, su propio tacto parecía ser ajeno, como si su parte derecha no la reconociera. La parte izquierda, en cambio, tenia una increíble resistencia al dolor, pero tampoco sentía su propio tacto, solo una pequeña sensación cálida y familiar. Este problema se debía a un accidente durante el embarazo de su madre, o eso le habían dicho a Blanca.

Ella venia de una familia algo… ¿única?, claro, si a única se refiere a un padre alcohólico, una madre ausente y una hermana depresiva. A menudo su padre se aprovechaba de que su madre trabajaba para llevar a sus amigos a jugar cartas y dardos. Dardos, el juego que Blanca odiaba, “Le das al blanco y ganas, al negro y pierdes” decía su padre cuando ya se encontraba borracho al igual que sus amigos, por suerte para Blanca, la mayoría de los ebrios poseía pésima puntería y muy mala suerte, por lo que después de cada partida de dardos ella debía curar las heridas de su brazo izquierdo sin sentir el mas mínimo dolor, pero una vez a las quinientas uno acertaba a su brazo derecho, entonces el dolor era suficiente como para desmayarse. Ocupaba una bandeja para cubrirse el rostro y torso, había sido idea de su hermana, ya que como ninguna podía hacer algo al respecto, por lo menos Dalia quería proteger alguna parte de su hermana.

Su madre poco caso le hacía y había desarrollado una clase de aversión por sus hijas, lo único que le interesaba era que tuvieran notas sobresalientes en el colegio para poder presumir con sus amigas, por lo que todas las noches se quedaban hasta tarde estudiando, Dalia no tenia muchos problemas con eso, siempre había tenido una memoria impresionante, por lo que le bastaba ver la materia una vez y ya se lo memorizaba, Blanca, en cambio tenia muchos problemas, el primero era que ella era diestra, pero el peso del lápiz contra su piel hacia que sintiera como si estuvieran oprimiendo todos sus huesos, además le costaba leer y no podía concentrarse a causa de su constante dolor que le producía la ropa, el calzado, el tacto con la mesa e incluso las corrientes de aire acariciando su piel expuesta.

Por suerte para Blanca, ella tenía una amiga que además era su vecina, su nombre era Fabiola Vasquez, se trataba de una chica de cabello corto y ondulado, lo que la llevaba a parecer un cordero pequeño, era una niña muy simple, le gustaba la cocina y hablar sobre chicos, más bien, chico: Mike McBleed, era el que se robaba todas las horas de la vida de su amiga y por desgracia la mayoría de las de ella, ya que durante el colegio Fabiola se pasaba hablando de él.

A los 16 años de Blanca, jamas se había sentido atraída por alguien, el dolor que sentía era lo único que ocupaba su día a día.

Una noche en la cual su madre había ido de viaje, Blanca llego más tarde de lo normal, se había encontrado con un grupo de chicas de su clase y estas se habían desahogado con ella, razón por la cual estaba a punto de desmayarse gracias al gran moratón de su abdomen al costado derecho, entro a la casa y subió la escalera ignorando la risas de los ebrios en la sala. Al entrar en su habitación se lanzo a la cama arrepintiéndose al acto, soltó un grito de dolor al contacto con la suave superficie y su cuerpo. Su hermana entro a la habitación al momento en que ella se quitaba unas pinzas para el cabello enterrada en su antebrazo izquierdo, por suerte Dalia llevaba un botiquín con ella y un paquete.

Corrió a su lado y revisó la herida.

  • No deberías andar sola tan tarde, dijiste que te venias con Fabiola, no creo que ella haya permitido que te hagan esto – dijo mientras desinfectaba las heridas de su brazo izquierdo y cara.

  • Fabiola fue invitada por Mike a dar una vuelta al parque – contesto jadeante, la vibración dolorosa del moratón le hacia sentir como todo su lado derecho ardía.

Dalia rodó los ojos, se corrió el cabello hacia atrás dejando a la vista unos recientes moretones en su cuello.

  • ¿Qué te…- comenzó a preguntar con algo de dificultad.

Dalia negó.

  • Trató de hacer lo mismo de siempre – contestó y sus ojos se humedecieron pero rápidamente limpió rastro de lágrimas y sonrió- no tienes que preocuparte, yo no siento tanto dolor como tu y no soy débil, así que sé cómo defenderme.

Su padre borracho había intentado varias veces abusar de Dalia, mas ella lo había golpeado y su padre se olvidaba con facilidad de las cosas cuando habían botellas de alcohol cerca.

Dalia saco el paquete y comenzó a abrirlo.

  • Compré la tela a una amiga, dice que es más resistente que los antibalas – dijo mientras mostrar unos guantes y una camiseta algo ajustada – sé que no son de tu gusto, pero son para prevenir que esto pase de nuevo, da igual si no sientes dolor en tu lado izquierdo, es mejor prevenir que lamentar.

El problema era que Blanca odiaba las cosas ajustadas por una razón: dolor, al sentir algo pegado a su cuerpo sentiría aquel constante cosquilleo doloroso. Pero la verdad que Dalia era la mejor hermana que alguien como Blanca pudiera desear. Deseaba hacer algo para acabar con el sufrimiento de su hermana.

Con ayuda de ella se coloco la ropa, también habían un par de pantalones ajustados y calcetas, ¿Cuanto le habría costado eso? Blanca hizo el mayor esfuerzo por no ponerse a llorar ante el tacto de la tela, debía acostumbrarse a eso por su bien.

  • ¡Hey, hermanitas Noir, queremos jugar dardos y mas comida!- grito un borracho fuera de la habitación.

  • ¡Ya te oímos, Peter!- contestó Dalia, que como era de esperarse de ella, se había memorizado nombres y voces- Hora de probar si funciona.

  • Ten el botiquín listo – río Blanca, pero con el dolor su risa se convirtió en un balido de cordero.

Dalia la miro preocupada mientras Blanca se ponía un suéter encima de su nueva… Armadura.

Bajaron y comprobaron que, en efecto, los dardos no causaban heridas en Blanca, quedaban colgando de la tela del suéter, seguía sintiendo los pequeños golpes a través de la tela, pero mucho menores a el dolor que la hacia desmayarse. Los ebrios se desilusionaron por no ver a Blanca llorando de dolor y abandonaron la casa. A penas pusieron un pie fuera, su padre cogió un cinturón y las miro a ambas.

  • Blanca, corre y ve a dormir a casa de Fabiola – ordenó Dalia, mirando aterrada a su padre.

  • Pero…- trato de protestar.

  • ¡Nada de “pero”, corre! – le ordeno con más fuerza.

Toco en la casa vecina y Fabiola abrió.

  • ¿Sola otra vez?- pregunto la pelinegra sonriendo.

  • ¿Igual tú? – preguntó con tristeza pero sonriendo.

Fabiola era una persona egoísta o despistada que no parecía importarle la vida o sentimientos de los demás, solo era ella y todo el mundo debía girar a su alrededor, así que jamas se percato de los problemas de Blanca.

  • ¿Me dejas quedarme contigo, ovejita?- agrego Blanca.

  • ¡Hey!- protesto Fabiola dejándola pasar- claro que puedes quedarte cariño, estoy haciendo galletas, siéntate y te contaré como estuvo mi cita.

La noche paso entre conversaciones de Fabiola sobre su nuevo novio y películas de terror que a Blanca no lograron asustar.

  • Falso… una cuerda… se ve el micrófono… el grito es falso… ¿cómo lo va a ver si es oscuro y esta en un bosque de noche?- decía mientras devoraba las galletas de mantequilla untándolas en miel.

  • Le quitas la emoción- protestaba Fabiola.

La verdad Blanca estaba mas preocupada por su hermana que por el monstruo de la película.

“Entonces deberíamos acabar con su sufrimiento, yo sé como” escuchó una voz juguetona y lenta.

  • ¿Oíste eso?- preguntó.

  • ¡No me asustes, no he oído nada!- exclamó Fabiola.

Decidió ignorar la voz y tratar de concentrarse en la película y en sus galletas.

Fabiola le golpeo el brazo derecho, por lo que sintió como sus huesos se quebraban y se acurrucó, por unos momentos en la ventana, pudo ver la sombra de un gato.

  • ¿Tienes… Gato?- pregunto con dificultad.

  • Sabes que soy alérgica – respondió, entonces se dio cuenta de que la había golpeado- hay no, te traeré mas galletas y miel.

A la mañana siguiente se despertó por el ardor de su pantorrilla derecha, entre sueños Fabiola le había tocado, ambas dormían en el sillón con la televisión prendida. Blanca se levantó y se dirigió de vuelta a casa, abrió la puerta para sentir un sollozo de inmediato, corrió a la habitación de su hermana, pero esta no le abrió la puerta.

  • ¿Dalia?, ¿ Dalia, que paso? – preguntó a pesar de que ya tenía la sospecha

  • Na-Nada Blanca, no te preocupes hermanita, me baño e iré a la tienda por la comida para esta semana- respondió desde dentro.

“Quiero ayudarte” pensó deprimida.

Sintió un ronroneo cerca, a su lado un gato negro con la mitad de su cara blanca la miraba con los ojos entrecerrados.

  • Hola pequeño, ¿Como has entrado a casa?- pero cuando termino de hablar le estaba hablando a la nada.

Sintió como el dolor de su lado derecho crecía lo que hizo que se desmayara.

Cuando volvió a tener conciencia, se despedía de su hermana mientras esta se iba en el auto.

  • ¡Te traeré galletas de mantequilla y miel!- anunció para luego irse.

¿Que había hecho mientras estaba inconsciente?, ¿Se estaba volviendo loca y veía gatos imaginaros en todas partes?

Mientras ordenaba las ultimas cosas por la tarde su madre entró a casa muy apurada.

  • ¿Porque has llegado tan temprano?- preguntó siguiéndola por la casa.

  • Porque debo ir al hospital – respondió seca- quieren que reconozca un cuerpo, al parecer Dalia chocó en el coche.

Lo dijo con tanta frialdad que era fácil creer que no era buena mintiendo, mas Blanca conocía a su madre.

  • ¿Qué…?- logro articular pero más pareció un sollozo.

  • Sí, al parecer el cable de frenos no estaba -respondió tomando sus cosas lista para salir- tú quédate aquí, seria algo vergonzoso que nos apuntara la gente porque tú estás llorando.

Tomo las llaves de el gancho de la puerta.

  • Lindos guantes por cierto, Dalia trabajo en eso por un largo tiempo- Comentó para luego salir de la casa.

“¿Dalia trabajo en ellos?” se pregunto al momento que se dejaba caer contra la pared al lado de la escalera. Se quitó el suéter para observar el trabajo de su hermana, el sueño de Dalia era ser diseñadora y tenia talento para eso. Observó con detalle ambos guantes de color rojizo oscuro, ambos tenían bordados una rosa, la derecha era con espinas y la izquierda tenia la rosa sin espinas. El dolor y lo no doloroso. Sonrió tristemente y las lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas, ¿Qué era el cable de freno? Blanca no tenia idea de eso.

“Ahora estaré sola” pensó aumentando mas su llanto.

“No es así” la contradijeron, no fue la voz femenina y juguetona, no, era la voz de un niño “Si quieres, puedo estar contigo, para la eternidad”

Levanto la cabeza de sus rodillas, justo delante de ella el pequeño gato blanco y negro la miraba ronroneando. Esto comenzaba a dar miedo, pero a Blanca no le importaba eso.

  • ¿Eternidad?- pregunto al gato mientras seguía sollozando, ahora estaba hablando con un gato que probablemente era solo su imaginación.

El dolor que sentía se estaba incrementando, no solo dolor físico sino que le dolía todo su ser, ya estaba harta de su vida pero una parte de ella no quería morir, no quería sentir dolor. El gato comenzaba a verse más solido, más al sentir el ruido de la puerta, desapareció como si estuviera formado de arena en el desierto.

  • ¡¿Blanca?!- gritó Fabiola entrando a casa seguida del chico castaño de ojos verdes.

La pelinegra se arrodillo frente a ella, habló pero Blanca no la escuchó, más bien no le prestó atención.

“¿Por qué la vida de Fabiola es perfecta?, ¿Por qué su padre no es malo?, ¿Por qué se preocupan por ella?, ¿Por qué ella tiene talento?, tal vez debería aprender lo que es el dolor” Habló la voz juguetona y lenta.

  • Fabiola, está en shock, no te esta entendiendo- Dijo Mike mirándola preocupado.

Fabiola no le prestó atención.

  • Hey Noir, estoy aquí, no estas sola, yo te apoyo en todo- dijo tomando su hombro izquierdo.

“¿En todo?” pregunto la misma voz como si estuviera burlándose “Si Dalia no está con nosotras, no somos nada, nadie nos entiende como ella, nadie nos quería más que ella, nadie nos apoyaría como ella”

  • …Dalia…- murmuro mientras volvía a llorar.

  • Entonces es verdad…- dijo Fabiola mientras se cubría la boca- Te abrazaría, pero no quiero hacerte daño.

Blanca desvió la mirada hacia la escalera, sobre los últimos peldaños, el gato la miraba atentamente. No se había ido como Blanca creía, estaba observándola, tal vez debería confiar en el gato.

Los siguientes días Blanca no hablo. Durante el funeral, se sentó junto al ataúd y no quiso pararse de allí. Observó en primera fila como su madre derramaba lagrimas falsas y su padre decía cuanto extrañaría a Dalia.

“Él hizo sufrir a Dalia”

“Él hizo sufrir a Dalia”

Aquello era lo único que pasaba por su mente.

Alguien tocó su hombro, era el padre de Fabiola, un hombre de mirada seria, de cabello negro y ojos oscuros, algo viejo.

  • ¿Puedes acompañarme, niña?- preguntó frio.

Blanca solo asistió y lo siguió.

-¿A qué juegas?- pregunto a penas estuvieron fuera.

  • No comprendo a qué se refiere- contesto Blanca sin mostrar emoción, parecía vacía, sin emociones.

  • ¡Te vi cortar los frenos del auto!, y te atreves a fingir que sufres, tú querías matar a Dalia, eres alguien malvada, no tienes respeto por los que realmente querían a Dalia. No te atrevas a estar cerca de mi hija- gritó.

Blanca se sorprendió, ella jamas hubiese querido que su hermana muriese.

El gato apareció a los pies de el hombre, mirándolos alternativamente, el dolor de Blanca creció y creyó desmayarse, pero la verdad esto paso:

Sonrió torcido solo elevando la parte derecha, se cruzó de brazos y observo sus dedos y los detalles de los guantes.

  • ¿Y qué si lo hice?- preguntó para sorpresa del señor- Lo haría una y otra vez, acabé con su sufrimiento, señor, parecía siempre tan sonriente a pesar de estar rota por dentro, odio a las personas falsas, a las felices y ¿Qué mejor que muerta para acabar con su sufrimiento?

-Tu…- pronuncio el hombre- Eres un demonio.

-¿Yo?- preguntó burlesca apuntándose- Ay señor, me alaga, pero no, soy una simple humana que mato a su hermana, ya sabe, lo normal. Ah, y si yo quiero sigo cerca de su hija y tal vez, si me harto de ella, jugaré un rato, aunque no le prometo que esté viva luego de que mi juego termine.

Comenzó a caminar, entonces el dolor se normalizo y Blanca volvió a estar consciente, se apoyo a una pared y observó cómo el hombre entraba a la casa y se llevaba a su familia, se despidió con la mano de Fabiola.

A los días tocaron la puerta de la casa y ella fue a abrir, un grupo de policías la esperaban fuera. Habían recibido una declaración que la inculpaba por la muerte de Dalia Noir, así que los tendría que acompañar y estar en prisión preventiva mientras se investigaban las pistas. Sus padres no se negaron, su madre de hecho parecía bastante feliz por tener otra exclusiva para escribir al diario, pues ella era periodista.

“Dliph, Dliph… Dliph, Dloph” era lo único que se escuchaba en la celda.

Aquellas goteras, el encierro, la soledad, todo aquello estaba acabando con la cordura que le quedaba a Blanca. Escuchó el ronroneo del gato y lo vio sentado sobre el colchón incómodo.

  • Dliph, Dliph… Dloph- rió luego de decir eso- Hola gatito, creo que te llamare Noir, ¿Sabes? descubrí que es Negro en francés o algo así.

Aquel día, en aquella celda, Blanca Noir, nacida un 12 de junio de 1980, desapareció dando paso a Black y a White, dos personas distintas que habitaban en el mismo cuerpo.

  • Dliph, Diph… Dliph, Dloph- volvió a reír echando la cabeza para atrás- ¿Me puedo ir?- y siguió riendo de manera que solo se levantaba la parte derecha de su boca, ella era White, alguien malvada, que odiaba a todos y sentía dolor constantemente, pero eso le encantaba.

El gato ronroneó ante el contacto de la mano de White sobre su cabeza.

  • Blanca Noir, luego de varias interrogaciones e investigaciones se ha decidió que eres completamente inocente, sentimos las molestias, la iremos a dejar a casa y su hoja de vida no a quedado manchada- anunció un guardia abriendo la puerta.

Black apareció gracias al cielo, White probablemente hubiera causado que la mandaran al psiquiatra.

  • Gracias al cielo, la cama era incomoda, lo único que se escuchaba era esa infernal gotera, deberían arreglarlo, casi me vuelvo loca- dijo estirándose.

El guardia asistió y la guió asta el coche para llevarla a casa.

Al llegar White sonrió.

  • Vamos a erradicar a Blanca Noir, todo lo que tenga que ver con ella- dijo riendo.

“Dliph, Dliph… Dliph, Dloph” se seguía repitiendo en la mente de White.

Aquella noche se sentó en el cerco que colindaba su casa con la de Fabiola.

“¿Debería acabar con ella igual?” se preguntó moviendo los pies.

  • Hola señor Vasquez- rió otra vez elevando la parte derecha de sus labios- ¿Está Fabiola?

El hombre se sobresalto, la miró y corrió dentro de la casa.

Durante la cena, mientras Black estaba presente al igual que sus padres y el silencio, White estaba conversando en la mente.

“Él fue la razón por la que Dalia sufría, Dliph, Dloph” y reía otra vez por el sonido de la gotera.

“Será el siguiente” Black dio la vuelta a mirar a la oscuridad de la sala, allí el gato estaba sobre el sillón.

“Ya lo a dicho Noir” rió White.

Al día siguiente se dirigió al taller en busca de armas, sobre la mesa habían cinco estacas, anchas de metal, como de treinta centímetros y afiladas en ambas puntas. Perfectas.

Aquella noche, no solo su padre murió, sino que todos los amigos que iban a jugar dardos, esta vez, ella jugo dardos con ellos, y en vez de dardos utilizo las estacas.

El vecino igual la vio, pero al final Black logró engañar a todos y declararse inocente.

Fabiola le tomo odio a su anterior mejor amiga cuando esta trato de matarla una noche, también porque a causa de ella ahora su padre estaba en un psiquiátrico.

Una semana luego de la muerte de los jugadores Black-White huyo al bosque ya que no aguantaba vivir junto a su madre. Dos años después, la madre de Blanca Noir se mudo a casa de un hermano y salio del país, dejando la casa abandonada.

Años después, un día de Julio de 2014, Sarah pasaba de noche girando una bolsa con dulces fuera de la casa vecina, hasta que la bolsa se soltó y fue a dar contra una chica de unos 17 años que acariciaba un gato sentada en el umbral de la puerta de la casa. La chica rubia se levantó de su lugar, dejando al gato de lado y recogiendo la bolsa para dirigirse donde ella. Tenia unos hermosos ojos de distinto color, derecho café y verde mezclado con plomo muy claro y el izquierdo plazo oscuro, iba maquillada elegantemente y sin ser excesivo, parecía alguien madura, sus manos eran cubiertas por elegantes guantes rojizos.

  • Me llamo Blanca Noir, esta es mi casa- se presento dándole la bolsa, Sarah salio de su trance y recibió la bolsa.

  • Siento haberte golpeado, soy Sarah McBleed, vivo al lado- dijo recibiendo la bolsa.

La chica rió levantando la parte derecha de sus labios.

  • Dliph, Dliph, es un gusto- y soltó una pequeña risa para volver a su casa seguida del pequeño gato- Espero volver a vernos.

  • Cuenta con eso-.

— Via Creepypastas

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