Bipo

Allá afuera
Allá afuera

Invierno del 73

Por primera vez en muchos años, había nevado en Argentina. Los árboles estaban cubiertos por pequeñas bolas de nieve en sus ramas, el césped estaba de un celeste claro y a mí, como siempre, me daba igual.

A diferencia de otros estudiantes que usan varias capas de ropa para cubrirse del frío invernal, yo solo llevaba una camisa deportiva y un buzo rojo oscuro, unos pantalones negros y unas zapatillas negras, con unos puntos grises, llevaba el pelo suelto, blanco y desarreglado ya que no me gustaba peinarme.

En la escuela era uno de los estudiantes más sobresalientes del salón, tanto así que me sacaba 10 o 9 en los exámenes, teniendo un gran control sobre mí. Lo único malo en mi es que… Tengo un trastorno de nacimiento… Sufro de bipolaridad. Tal enfermedad me hace tener cambios de humor y/o comportamiento de manera repentina en frecuentes ocasiones.

Mis padres habían muerto cuando solo era un bebé. Mi papá murió de Sida sin siquiera conocerlo y mi mamá murió por exceso de actividad laboral cuanto yo tenía 5 años.

Ahora tengo 16 años de edad. Me llamo Ejhiro Guerrero y esta es mi historia.

Regresaba a la secundaria después de las vacaciones invernales; muchos chicos nuevos entraron al colegio para ganarse la confianza de algunos compañeros y ser amigos de varios, algo que me encantaría hacer, pero no puedo. Nadie me acepta como amigo, nadie quiere estar cerca de mí.

Me encantaba dibujar; iba a un taller de arte donde tengo verdaderos amigos, amigos que me entienden, no como en la escuela…

Eran las 8:25, casi la hora del recreo. Todos estaban gritando y varios no paraban de hablar de lo mismo.

-¿Estás lista para el baile?- Le dijo una compañera a otra.

-No, la verdad es que no he conseguido pareja aún- Respondió ella.

-¡¿Aún no tienes?! Pero si hay muchos chicos sin pareja- Exclamó su compañera.

-De los 37 alumnos que hay en esta clase, sólo hay 14 disponibles.
-Es un gran número, tienes muchas opciones.

-Sí… pero no estoy viendo un objetivo claro.

Escuché yo.

Era muy hermosa, sus ojos eran celeste claro, su pelo era color rubio, largo y suelto.

Entonces alguien me preguntó:

-¿Ya tienes pareja?.

-Sí- Le mentí.

-¿Y a quién invitaste?.

Señalé con mi dedo a Cecilia, una chica con ojos verdes y un pelo negro atado con un rodete.

Como ustedes ya supondrán, no tenía pareja y no pensaba ir al baile. Nadie querría ir conmigo. En ese momento sonó la campana de la escuela, señal del inicio del recreo.

Me levanté de la silla y bajé las escaleras despacio, no estaba apresurado, no me daba la sensación de felicidad como a otros chicos.

Estando en el patio de la escuela, me fui al kiosco a comprar mi alfajor preferido, uno de chocolate, un Suchars, uno de los alfajores más conocidos de Argentina.

Quería hablar con la chica que me gustaba, no sabía su nombre ni nada, cada vez que me acercaba a ella me ponía nervioso y se me dificultaba hablar, pero de repente…

Alguien me había empujado, fue un empujón fuerte, como si fuese apropósito, y así fue. Me dí la vuelta para ver quién había sido y me encontré a Víctor.

Víctor era el típico idiota que manosea a las chicas y que siempre molesta a los chicos de la clase, pero obviamente sólo a aquellos más débiles que él; ya me estaba imaginando que me haría a mí.

Después de empujarme Víctor empezó.

-¿Qué pasa idiota?- Me dijo con una mirada amenazadora.

-¿Qué quieres?- Le dije -No tengo tiempo para jugar a los golpes.

-Eres un idiota, siempre siendo alguien que no debes ser ¿qué pasa “bipo”?

(¡Como detesto que me digan ese apodo!) Grité en mi mente.

-Déjame en paz- le dije mientras le daba la espalda, pero me dio la vuelta, me agarró del buzo y me dijo con tono amenazador:

  • A mí… Nadie… Me dice qué hacer.

En un ataque de ira incontrolable, apreté muy fuerte mi mano y golpeé a Víctor en la cara con tanta fuerza que se le salió el diente derecho de la paleta.

La gente se asombró. Algunos solo se quedaron impactados con lo que vieron y otros fueron a buscar el director.

“Ese chico es un demente” “¡Cuanta fuerza!” “Dios mío…” Era lo que más se escuchaba, pero me inquieté cuando la chica que me gustaba dijo:

-Vamos a llamar al director.

-Sí, vamos- Le respondió su compañera.

Cuando llegó el director, Víctor me acusó de haberlo golpeado.

-¿Es cierto?- Me preguntó el director.

-Sí- había respondido.

12:00 PM

Cuando terminaron las clases, todos salieron, menos yo, el director me había pedido que me quedara a hablar con él.

16:25 PM

Después de una larga charla, él me dijo:

-Ejhiro, yo sé que no eres un alumno como los demás. Sufres de una enfermedad y…

-¿¡Y qué!?- Le grité enojado -¡¿Vas a decirme que tengo que controlarme?! ¡Lo intento, lo intento! Pero es inútil. Esto tiene que parar, todo tiene que parar. Que me digan “bipo”, los rumores sobre mí “¿viste esto?”, “¿viste aquello?”, “que sus padres están muertos…” ¡¿Crees que no controlo esto?! ¡Tuve que soportar eso por doce largos años en este colegio de porquería!-

-¿Qué crees…?- Le dije mientras soltaba una carcajada -Nada… Nada cambió ¡y nada va cambiar en el siguiente año restante que me queda!-

Pero entonces me dijo:

-Esto es un asunto grave Ejhiro, me temo que… Tendremos que expulsarte si sigues con este comportamiento.

-Expúlsenme- Le respondí -Expúlsenme, todo esto es una mierda, nadie del instituto merece vivir-

Me levanté de la silla tan rápido que se calló, agarré mi mochila, salí de la sala del director y cerré la puerta lo más fuerte que pude.

Enfurecido y con un gran odio y desesperación me fui del colegio, pero antes de alejarme, me di la vuelta frente a la escuela y le saqué el dedo medio al instituto en frente de los niños de primaria que se asomaban por la ventana.

Mi casa quedaba una hora del colegio, seguro se preguntarán por qué vivía tan lejos. En mi barrio todos los institutos son privados y no tengo el dinero para pagarlos, y el más cercano que encontré era éste que es público.

Cuando llegué a mi casa traté de relajarme y saqué de mi refrigerador una pizza para cocinarla, estaba tratando de no pensar en lo sucedido, comí un trozo de pizza y la mitad de otro, el resto lo dejé en el refrigerador.

Me acosté lentamente en mi cama pensando en que no volverá a pasar, me quería dormir, pero no podía, el sufrimiento era demasiado, era insoportable, pero estaba… Cansado. En ese preciso momento, me había dormido.

Me levanté pensando _ “Soy un chico bueno, no hice nada malo, este día lo cambia todo” _.

Fui a la escuela con la seguridad de que no me iban a decir nada. Mi cara sin emoción alguna alejaba a cualquiera, nadie me quería hablar, llamar o por lo menos saludar, pero entonces, escuché una voz que se dirigía a mí.

-Hola.

-¿Uh?- Me dí la vuelta y vi a una chica.

-¿Que estás haciendo?- Me preguntó.

-Nada- Le respondí.

-Oh, tu voz es muy gruesa.

-Gracias.

-Me gusta tu pelo ¿cómo lo tienes así?

-Es por la presión que tengo, se destiñe el cabello hasta dejarlo blanco.

-Que genial es tener así el pelo. Me gustó tu actitud ayer, esas cosas que hacías, pin, pum, pow. Onomatopeyó.

-No me gusta lastimar a la gente, y no tendrías que estar cerca mío.

-Bueno, está bien, que feroz… Me llamo Liz.

-Mucho gusto, me llamo- Pero me interrumpió diciendo.

-Tooodos saben quién eres.

Me había sonrojado un poco.

-¿Quieres ir al baile conmigo?- Me preguntó Liz.

-¿Qué?

-Como escuchaste. ¿Quieres ir conmigo al baile?

Lo pensé por un momento y le respondí un poco nervioso -C-Claro-

-¡Genial! Después acordamos todo en el recreo ¿ok?.

-¡Ok!

Y corrieron las horas.

7:14 AM.

Todavía escuchaba más y más sobre lo sucedido entre Víctor y yo, y dentro de esos comentarios estaban hablando sobre mí.

-Ejhiro es fuerte. Nunca lo había visto actuar así.

-Supone ser un buen chico. Casi mata a alguien.

-Víctor está en su cama reposando. Dice que aparte de sacarle un diente, le torció la mandíbula.
Sinceramente, no quise hacerlo, pero eso es lo que se ganó por ser engreído.

De repente, un fuerte zumbido se escuchó en mi cabeza, me tapé los oídos y cerré los ojos, y cuando el ruido cesó, los abrí.

El aula en la que estaba se veía deformada, era de un color opaco, y las paredes que eran de madera, ahora se veían de hierro oxidado.

No paraba de mirar a mis alrededores, toda mi sala y mis compañeros de clase se habían convertido en algo tan horrible que me hizo gritar del miedo.

Todos tenían la piel pálida, con las cuencas de los ojos arrancas y solo se les veía un agujero negro profundo, y con ríos de sangre que salían de sus ojos y bocas, no dejaban de mirarme diciéndome:

-Esto, es tú culpa.

Decían con un tono frío y distorsionado, como si de una radio se tratase mientras me señalaban.

Asustado y con dolor de cabeza respondí gritando:

-¡NO! ¡Yo nunca lastimaría a alguien!.

-Tú nos hiciste esto. Decían.

-¡No! No es cierto.

-No puedes evitar sentir este peso. Nosotros, indefensas víctimas, ahora somos unas simples almas perdidas sin rumbo ni escapatoria, y todo es por tu culpa.

Estaba llorando. No podía creer lo que estaba viendo, cada vez se acercaban más a mí. La presión, la angustia, me estaban matando, sin embargo…

-Guerrero… ¡Guerrero!- Gritaba el profesor mientras me agitaba. -¿Estas bien?-

-Sí, si… Solo… Solo me había paralizado. Siga con la clase- Le respondí.

8:30 AM

Sonó la campana. Todos bajamos, y ya estando en el patio, me senté en un banco. Liz se me acercó y me dijo.

-Bueno ¿en qué quedamos?

-No lo sé- Le dije.

-Me pasarás a buscar no…?

-No tengo auto.

-Bueno, entonces, nos vemos en el baile así nomás.
-Está bien.

Pasaron las semanas y llegó el día del baile, un miércoles del 15 de agosto de 1973.

18:36 PM

Tenía un esmoquin negro con corbata y zapatos negros.

Salí de mi casa con confianza diciéndome a mi mismo hoy será una buena noche.

19:45 PM

Estando ya cerca del instituto me decidí por tomar un atajo, uno que va por un callejón, ahorraría unos 5 minutos de camino. Estaba oscuro, saqué mi linterna para ver mejor y seguí caminando.

Ya estando en el centro del callejón, escuché una botella caer al piso.

-¿Quién está ahí?- Pregunté con miedo desde la oscuridad. Alumbré con mi linterna y vi a un hombre con una pistola apuntándome. El tipo me dijo:

-Agáchate, y no te muevas.
No pude hacer nada, estaba paralizado del terror, era… Era como aquella vez en el salón.

Me apuntó en la cabeza con la pistola, pero cuando estuvo a punto de apretar el gatillo esquivé el arma, lo agarré de la mano y se la quebré.

El hombre me gritó despavoridamente:

-¡Hijo de PUTA!-

El ladrón cayó de espaldas al piso, dio dos pasos hacia atrás, se levantó y corrió lo más rápido que pudo. Sin pensarlo mucho, agarré la botella que había en el piso y se la lancé.

Le había clavado la botella de cristal en la espalda. El hombre cayó al suelo retorciéndose de dolor, mientras yo, me acercaba lentamente a él.

Le arranqué la botella de la espalda y lo apuñale varias veces hasta matarlo. La sangre me salpicó en la cara, y para no dejar rastro, agarré el cadáver del hombre y lo metí en un tacho de basura, luego saqué un pañuelo de mi bolsillo y me limpie la cara. Me fui apresurado directamente al baile.

19:50 PM

-Hola, llegué- Le dije a Liz.

-Hola. ¿Por qué estás tan agitado?- Me preguntó ella.

-¿No te mencioné que vivo a una hora de acá?

-No, bueno, eso no importa, vamos.

-¿A-A dónde?

-A bailar.

-Yo… No sé bailar.

-No importa, yo te enseño. Bien, primero que todo, pon tus manos en mi cadera. Acércate, un poco más, ahí. Ahora, ¿sientes el ritmo? Deja que fluya en tu cuerpo. Así.
Se estaba convirtiendo en un sueño hecho realidad, estaba bailando con Liz. Hasta que…

Alguien me golpeó la cara. Fue Víctor.

-Levántate, vamos.

-No quiero pelear Víctor. Quiero tener una noche normal.
Como lo pensaba, Victor no me hizo caso y empezó a golpearme. Intenté defenderme, pero fue imposible, era más fuerte que yo.

Me caí al piso, muy mal herido.

-¡BASTA!- Gritó Liz.

Me levanté furioso. Me abalancé sobre él, lo tiré al piso y lo golpeé, lo golpeé y lo golpeé hasta dejar su cara destrozada. De su nariz y su boca salía mucha sangre.

-¡Basta Eijhiro!- Me dijo Liz

-¿Y por qué debería?- Le respondí mientras soltaba una carcajada.

Todos me miraron con caras sorprendidas. Recobré la cordura, solté a Víctor y lo dejé en el piso.

Salí de la escuela tan rápido como pude, llegué a mi casa, entré al baño y reflexioné un rato. Me miré al espejo y grité, acto seguido lo golpeé y lo rompí.

Mi vida no daba para más, esto tenía que terminar de una vez.

Agarré una soga, la até en una madera que sobresalía del techo de mi casa.Me subí a una silla, enrollé la soga en mi cuello y salté de ella.

Todo mi peso fue hasta la parte inferior de mi cuerpo, lo que causó que la madera se rompiese y caí de un golpe al suelo.

Pensé que era el fin, pensé que había muerto, pero entonces, pude sentir como… Como el mundo quiso darme una vida nueva, una vida que sí merezco. Una segunda oportunidad.

2 meses después.

Cecilia se encontraba caminando por la calle, estaba nublado y era de noche; sus padres la habían mandado a hacer unas compras. En el camino vio como salía un zapato de un callejón, lo agarró, le dio la vuelta y vio que este tenía el pie cortado de una persona. Gritó y lo dejó caer al suelo.

Se asomó a un callejón y vio como una persona estaba despedazando a alguien. Ella se quedó traumada, el sujeto se dio la vuelta y Cecilia pudo ver como este tenía la cara llena de sangre.

La chica salió corriendo, el asesino la ignoró y siguió con su masacre.

_ “En las noticias” _

Nuevo avistamiento del asesino, esta vez quiso matar a una joven de 17 años. Ahora tendremos unas palabras de la víctima.

-E-E-Estaba en la calle… Vi a una sombra… Estaba apuñalando a alguien…

-Tranquila… Tranquila.

-Vi c-como su cara estaba tapada por una bufanda, tenía el cabello blanco, un buzo rojo oscuro, casi negro… Y su cuchillo ensangrentado.

-Tranquila. Respira hondo.

-Fui lo más rápido a-a… La comisaria y di el reporte de lo que vi, eso es lo único que puedo decir.

En ese momento Liz apagó la televisión.

-Ejhiro…

— Via Creepypastas

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