Atrapados en el colegio

Asesinos del Zodiaco
Asesinos del Zodiaco

Era un día normal. Me iba a la escuela después de las clases Fernando, Laureano, Brian nos quedamos tarde haciendo unos deberes en la biblioteca del segundo piso, era invierno y eran las 6 de la tarde aunque por la zona horaria, ya estaba bastante oscuro.

Hacía mucho frío en la escuela, era casi insoportable y eso que llevaba un pulóver y arriba una chaqueta de cuero.

Ya no quedaba nadie en la escuela excepto nosotros. Habíamos finalizado y nos dirigíamos a la salida haciéndonos bromas entre nosotros cuando escuchamos ruidos raros, como si alguien llorara, fuimos al pasillo… la vimos, era una mujer con un vestido roto y que alguna vez fue blanco, estaba en posición fetal, gimiendo como si estuviese herida. Nos miramos entre nosotros, estábamos temerosos pero nadie lo demostraba. Con la mirada nos dimos valor y todos nos acercamos para ver qué le pasaba. De pronto se levantó.

La vimos de pie. Llevaba una especie de bata manchada con lo que parecía sangre y otras sustancias. Tenía dientes negros como mi chaqueta y los ojos rojos como la sangre, corrió hacia nosotros . Nos acobardamos y corrimos como alma que lleva el diablo, pero la mujer corría muy rápido. Ni bien bajamos las escaleras agarro a Brian de la campera, lo mordió en el cuello y cayó al piso desangrándose. Todos gritamos por nuestro amigo. Luego nos miró. Era indescriptible esa mirada, estaba llena de ira, de una rabia que parecía incontrolable.

Corrimos tan rápido como pudimos pero la mujer alcanzó a Laureano. No pude permitir que le hiciera lo mismo que a Brian así que tomé coraje y le di una patada con todas mis fuerzas.

Laureano cayó al piso y lo agarré de la mano y seguimos corriendo hasta que llegamos al comedor. Ahí fuimos a la cocina y nos armamos con los cuchillos más grandes que encontramos.

Ella estaba en el pasillo, bloqueando la única salida de ese infierno. Estábamos atrapados.

Nos miramos y sin decir una sola palabra nos lanzamos hacia ella, a pesar de su velocidad nosotros teníamos la ventaja. Los tres la atacamos casi al mismo tiempo pero ella nos eludía. En un movimiento aventó lejos a Fernando pero yo aproveché para apuñalarla en ojo izquierdo. Lanzó un alarido de dolor que no parecía de este mundo. Me dejó paralizado y con la piel de gallina. Afortunadamente Laureano pudo reaccionar y la apuñaló en el pecho. La mujer seguía gritando enloquecida y se abalanzó hacia nosotros. En eso Fernando ya se había levantado del suelo y aprovechó para asestarle un golpe mortal con el cuchillo de carnicero en la cabeza. Cayó al piso y ya no se movía.

Nos largamos de allí y llamamos a la policía. La policía no encontró a la mujer. Ni siquiera el charco de sangre que dejó cuando cayó al suelo. Sólo estaba el cadáver de Brian. Nos detuvieron, y llamaron a nuestros padres. Nadie creyó nuestra historia así que decidimos mentir. Dijimos que un ladrón entró y atacó a Brian. Como la mordida del cuello de nuestro amigo no correspondía con las nuestras nos soltaron.

Al día siguiente asistimos al funeral de Brian. Todos nos veían con recelo y odio. Pensaban que nosotros lo habíamos asesinado. Los diarios locales nos apodaron “los asesinos de invierno”. }

Volver a la escuela fue difícil, nos marginaron. A los pocos días el director me pidió que fuera a hablar con él.

Ahí, después de cerrar la puerta de su despacho con llave y de decirle a la secretaria que nadie lo molestara me pidió que le contara mi versión de los hechos. Luego de contarle lo sucedido sobre aquella mujer o “cosa”, por lo inexplicable de su desapaición, se levantó, se quedó mirando por la ventana hacia la nada. Respiró hondo y me dijo:

“Nicolás, te creo… Veras esa…”cosa” fue mi esposa. Se volvió loca después de perder el embarazo, de nuestro primer hijo. La encerré en un instituto mental pero escapó y mató a una madre y a sus hijos. Opté junto con Gabi, el preceptor, encerrarla en el sótano de la escuela para cuidarla yo mismo, pero nunca imagine que escaparía.” Después de decirme esto, añadió: “Tienes dos opciones: irte y olvidar esto o quedarte y exponerte a que ella se vengue de ti cuando se recupere de sus heridas.”

Sentí que me hundía cuando oí que no murió. “¿Está viva? “cómo es posible?” “Ella es muy fuerte, Nicolás y yo la amo y la seguiré cuidando aquí, en esta escuela. Y nadie te creerá porque yo lo negaré todo. Tengo la sartén por el mango, muchacho. Pero entiendo que has sufrido la pérdida de tu amigo y por eso te doy a elegir. Tengo todo preparado para tu traslado y el de tus amigos si así lo deciden.”

Después de unos eternos segundos y de debatirme entre quedarme o largarme de ahí y olvidarlo todo me decidí: “Me quedaré, pero la decisión de Fernando y Laureano se la comunicaré después”. Y antes de salir de la oficina le dije: “Gracias por la advertencia. Pero yo también le advierto que estaré preparado si ella quiere su venganza.”

Me reuní con Fernando y Laureano. Les conté todo. Fernando decidió cambiarse de escuela. Laureano decidió quedarse.

No hay una sola noche en que no sueñe con la mujer esa y en cómo asesinaba a mi amigo. Pero eso alimenta mi odio. Todos los días Laureano y yo nos reunimos después de clases para entrenar. Ya nos hemos conseguido dos cuchillos militares. Lo tenemos planeado, el próximo invierno nos vengaremos de ella. En el aniversario de la muerte de Brian, el día que quedamos atrapados en el colegio.

— Via Creepypastas

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